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El discurso de odio como movilizador de masas

Actualmente, en varios países del mundo se registraron fenómenos de polarización que han causado un gran impacto en la sociedad, discursos que dividien o que sugieren etiquetas en “pro” o en contra de algún conflicto, situación que gracias a las redes sociales ahora son más evidentes y aumentan la intolerancia.

El desarrollo de las herramientas y plataformas digitales automatizan los procesos comunicacionales, pero… ¿hasta qué punto es positivo estar a un clic de un discurso o mensaje que promueva el odio? Más aún cuando este proviene de una figura pública, que ocupa un cargo de poder o simplemente cuente con “influencias” necesaria para difundirlo.

¿A qué nos enfrentamos?

Si bien existen diferentes conceptualizaciones de “discurso de odio”, las Naciones Unidas propone una acertada, al plantear que “es cualquier forma de comunicación o comportamiento, que sea un ataque o utilice un lenguaje discriminatorio en relación con un grupo sobre la base de quiénes son”, es decir, que sea degradada o marginada por su religión, origen étnico, nacionalidad u otro factor de identidad. Aunque se impulsa la defensa y garantía de los derechos humanos, todavía es muy común ver esta clase de señalamientos.

Uno de los casos más comunes, es que se camufla bajo el disfraz de “libertad de expresión», pero ningún mensaje que incida en los anteriores aspectos puede ser normalizado o apoyado. Nuestra libertad termina cuando atenta con la de terceros.

Hago énfasis en que, en los últimos años hemos estado expuestos a toda clase de avalanchas de hate (odio) mediante distintos canales que pueden ser previstos para esta clase de conductas, y para nadie es un secreto como se han popularizado por ser sustentados por importantes líderes políticos extremistas o populistas, celebridades y cualquier personalidad que decida sumarse a ello.

Está presente en la comunicación política

El odio, como el terror es un instrumento al servicio de los intereses políticos, y es implementado en un discurso para persuadir al colectivo. Este es utilizado por autoridades desde la antigüedad, no es una sorpresa que la obra “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo, padre de la ciencia política moderna, lo aborde, pero es poco óptima para el rendimiento de un estadista y cabe destacar que fue promovida en un contexto histórico, donde no se hablaba sobre el sistema de gobierno democrático.

Está presente en campañas electorales, comunicados de gobierno, discursos de figuras políticas y es realmente alarmante la fuerza que están adquiriendo los grupos movilizados por la confrontación, el odio y la discriminación. De esta manera, el continuo trabajo que se lleva a cabo a favor de la resolución de conflictos es más difícil, puesto que las grandes tensiones y hostilidad entre las sociedades impiden estas labores. Por ende, pueden originar circunstancias catastróficas, que sientan bases para escenarios distópicos como el genocidio, que pretende la aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social.

La utopía de hoy será la realidad del mañana

Es importante destacar que el reconocimiento, la empatía, el respeto por la diversidad y el hecho de informarse antes de emitir un juicio de valor son pilares fundamentales para edificar estos logros. Y es ahora cuando más debemos aprovechar el uso de la tecnología para colaborar con medios de comunicación en todas las áreas, elaborar orientaciones sobre estos temas y propiciar alianzas.

Finalmente, resulta indispensable hacer frente a las problemáticas que están aconteciendo en nuestra realidad y eso incluye los movimientos sociales impulsados por el odio que distintos discursos han sembrado. Pues, si bien necesitamos promover la cultura y mensaje de paz, también debemos ser agentes de cambio en pro de estos objetivos para construir sociedades pacíficas, inclusivas y justas.

 

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Grissel Soto

Estudiante de Ciencias Políticas. Community Manager. Activista. Escritora. Miembro del equipo de redacción y comunicaciones de la Revista Acción Política.