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El nuevo movimiento #YoTeCreo en Venezuela

En los últimos días a través de las distintas plataformas digitales, específicamente en Twitter, comenzó a originarse una ola masiva de denuncias sobre abuso y acoso sexual por parte de numerosas usuarias quienes señalaron a importantes miembros del gremio artístico venezolano. Y esto, por supuesto, llevó a la creación de un movimiento de mujeres que se proponen documentar los casos, y al mismo tiempo dar voz y tribuna a las víctimas que poco a poco han salido a la luz.

Basándose en el «#MeToo» de Estados Unidos, este hashtag se hizo viral en cuestión de horas, en vista de que un grupo conformado por más de 70 artistas y figuras públicas en distintas disciplinas anunciaron la creación de «Yo te creo Venezuela», una plataforma de apoyo a víctimas de violencia de género y abuso sexual, como respuesta a las denuncias que involucran a hombres del entorno nacional, y la ineficiencia que provee el Estado en materia de investigación de los casos.

El contenido del comunicado emanado de este movimiento expresa lo siguiente:

«Los últimos días son difíciles de digerir para muchas mujeres venezolanas. Los testimonios de abuso y violencia sexual por parte de músicos y miembros del gremio del entretenimiento venezolano a mujeres y niñas se multiplican con impunidad, sacando a la luz el trago amargo que las victimas han pasado en silencio durante años.

Para muchas de nosotras escuchar y leerlos en las redes sociales significa dos cosas; dolor e impotencia. El modus operandi de los perpetradores fue y sigue siendo usar la fama y la posición de poder para ejercerlo con mujeres que los seguían y admiraban por su trabajo artístico.

El arte, en todas sus disciplinas, es la capacidad expresiva del ser humano, lugar de la imaginación, el pensamiento, la técnica, el talento y la disciplina. El arte es el lugar de lo sensible. Esencialmente el humano comete errores, pero ese rasgo de la humanidad debe ser revisado profunda e incesantemente. El arte también tiene la potencia para articular las fallas y mucho más estas que devienen en crímenes. Creemos que el arte es, entonces, agitador, irruptor, para romper el silencio y hacer que la sociedad revise, desde todas sus instancias, los errores que nos han llevado a esta crisis: la violencia y el acoso contra la mujer.

Los medios de comunicación, centros culturales y educativos, museos, teatros, salas de ensayos, sets y estudios de grabación durante muchos años han desempeñado un papel importante en la perpetuación de acciones sexistas, degradadoras y silenciadoras de la niña, adolescente y mujer venezolana.

¿Cómo lograr el cambio en estas estructuras sabiendo que nuestro país atraviesa la peor crisis social e institucional de su historia?

La respuesta siempre es la misma: El poder reside en nosotros y es hora de ejercerlo alzando nuestra voz, articulando y haciendo frente a la injusticia.

Nosotras, las mujeres venezolanas miembros del gremio artístico, de la prensa y comunicaciones, nos levantamos hoy contra del acoso sexual. Los derechos de las mujeres son derechos humanos y nos negamos a que los asuntos de género sigan siendo postergados de la agenda pública.

Buscamos visibilizar y ampliar la voz de las víctimas poniendo a la orden nuestras voces/tarimas/plataformas para que sean ellas las sobrevivientes y su derecho a la justicia, quienes tengan el protagonismo.

Instamos a todo el personal del gremio artístico venezolano, de los medios y a los líderes a que eleven su voz en contra de estas conductas. El abuso y el acoso no excluye nacionalidades, género ni clase social. Por esto decimos que el movimiento nos necesita a todos.

A continuacion dejamos por escrito los pasos a seguir de este movimiento que nace como respuesta frente al abandono sistemático de las instituciones a las víctimas de acoso, abuso y agresión sexual:

● Recolectar una base de datos donde registremos cifras e información de víctimas y testimonios de casos dentro del gremio.

● Canalizar estos casos hacia las organizaciones no gubernamentales que ya cuentan con protocolos para el acompañamiento legal y psicológico de las víctimas.

● Organizar un concierto y evento masivo en unidad con todas las artistas venezolanas que son parte del mundo del arte y el entretenimiento, para visibilizar y crear conciencia de la situación.

● Crear campañas de concientización para educarnos en la equidad con enfoque de género.

En el proceso, varias personalidades fueron acusadas

Durante el fin de semana el nombre de Alejandro Sojo, excantante de la banda de pop rock venezolano Los Colores, fue tendencia en la red social Twitter por acusaciones de abusos sexuales, y al pronunciarse pidió «una disculpa», lo que fue abiertamente criticado porque debe ser penado por la ley.

Posteriormente, tras el apoyo masivo que recibieron las víctimas de Sojo, más mujeres y jóvenes se atrevieron a denunciar a otros integrantes de bandas venezolanas y contaron sus experiencias de abuso sexual. Entre las acusaciones, está la de una joven quien denunció en Twitter que el guitarrista de Okills, Leonardo Jaramillo, conocido como Kmarón, le pidió imágenes íntimas suyas luego de mantener una conversación casual en dicha red social. De ahí que, la banda se pronunció respecto a esta situación y rechazó cualquier conducta que vulnere la integridad de otra persona.

En medio de la controversia, la agrupación Tomates Fritos informó sobre la renuncia de su baterista Tony Maestracci, puesto que también había sido acusado de abuso sexual y quien negó haber mantenido cualquier relación con la víctima, pese a que los demás miembros de la banda extendió su solidaridad a la joven y a su familia.

Por otro lado, personajes como Daniel Landaeta, baterista de la banda Le’ Cinema y Juan Carlos Ogando, confundador y director del Grupo Teatral Skena fueron acusados de abusar sexualmente de adolescentes en el pasado. Sin embargo, el caso más estremecedor, puesto que la cantidad de denuncias en su contra ha sido abrumadora, fueron las emanadas por jóvenes contra el escritor Willy McKey, quien aceptó haber cometido los actos a través de sus redes sociales.

Dicho acontecimiento desencadenaría un evento que nadie anticipaba, ya que su último tuit rezaba «No sean esto. Crece adentro y te mata. Perdón», publicado antes de lanzarse desde un apartamento en el noveno piso del barrio de Recoleta, en Buenos Aires, luego de estar en el ojo del huracán. Pero tal hecho no hizo que las denuncias pasaran a un segundo plano, puesto que varios de sus allegados culparon a todos los usuarios que lo señalaron de abusador y aún así predominó la idea de que se trataba de un acto meramente cobarde, solo para opacar la gravedad de sus acciones que habían afectado a numerosas adolescentes.

La punta del iceberg

El gobierno de Venezuela, en un comunicado del Ministerio de la Mujer, se manifestó por «las mujeres que han venido expresando de manera pública los diversos actos de violencia sexual de los que han sido víctimas» y mostró «solidaridad, pero esto no aporta las verdaderas soluciones que la situación amerita. Sigue existiendo un espacio en blanco, un silencio impasible que la contestación que reciben todas aquellas mujeres que se han visto enfrentadas a este tipo de agresiones.

En un país donde el Estado de Derecho y el imperio de la ley dejó de gobernar hace mucho tiempo, las personas viven en condiciones vulnerables puesto que no cuentan con la seguridad vital para su desarrollo, mucho más en el caso de las mujeres que han sido objetivo de estas conductas y las cuales no son escuchadas al momento de alzar la voz para la promoción, defensa y garantía de sus derechos. A su vez, será un gran desafío desenmascarar y desmantelar todos los casos de hombres en posiciones de poder, quienes en abuso de esa autoridad que poseen, han protagonizado situaciones semejantes.

No obstante, este nuevo movimiento ofrece una visión esperanzadora, porque pone a la mano de la mujer venezolana las herramientas y medidas para enfrentar los sucesos de dicha índole, lo cual resulta necesario e indispensable para hacer justicia, velar por los derechos y libertades de las mujeres, y derribar esas brechas de género que aún existen en Venezuela.

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Redacción Acción Política

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