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Un atisbo de institucionalidad: lo que el mundo vio en la toma de posesión de Joe Biden

Hace exactamente dos semanas, el mundo vio con asombro, como el corazón de la democracia norteamericana, era vandalizado por una turba de manifestantes que azuzados por el entonces presidente Donald Trump, intentaron impedir la certificación que daba cuenta de la victoria de Joe Biden como presidente de los Estados Unidos. Tensas horas se vivieron en Estados Unidos, especialmente en su capital dejando un lamentable saldo de cinco personas fallecidas y lo que parece a mi juicio, de una de las dudas más intrigantes de la democracia norteamericana.

¿Es posible que Estados Unidos pueda sobreponerse a lo que el mundo vio hace dos semanas? ¿Podrá el presidente Joe Biden sortear la polarización que dejó su predecesor? Considero que uno de los retos que tienen Joe Biden y Kamala Harris como presidente y vicepresidenta respectivamente, es convertirse en garantes de la democracia y de la unidad del pueblo norteamericano.

Lo que vimos en la toma de posesión

Seguí muy de cerca la toma de posesión del presidente Biden y de Kamala Harris, sus actos protocolares, los dignatarios asistentes, el sobrio ambiente que imperó, los speeches pronunciados, las interpretaciones de Lady Gaga y Jennifer López. Todo fue objeto de mi atención y me atrevo a opinar que en contraposición a lo catastrófico de hace dos semanas, lo de hoy fue un reflejo de que, la institucionalidad norteamericana (en algunos aspectos arcaica) permaneció unida, empezando por la participación del vicepresidente Mike Pence en representación del Partido Republicano, el expresidente George Bush y su esposa Laura, así como algunos congresistas de ese partido. Donald Trump fue el gran ausente de la jornada: vimos cómo muy temprano, partió de la Casa Blanca, informando que «Volveremos de alguna manera».

Salvo ese evento que rompió la tradición, la institucionalidad de Estados Unidos pasó esta prueba. La clase política parece entender que Donald Trump salió, en algunos aspectos, bastante caro.

El mensaje

¿Qué es lo que intentó comunicar este acto al mundo? En definitiva, después de lo acontecido durante el mandato de Trump, y sobre todo, su actuación en la campaña electoral en donde en varias ocasiones dijo que se estaba consumando un fraude en su contra, el mensaje fue que la sociedad norteamericana permanece unida y garante de la democracia y la libertad: todos los actos y discursos giraron en esa dirección. El mundo estuvo expectante pues en días previos a la toma de posesión, contenidos falsos circularon en redes sociales en torno a una última maniobra del presidente saliente para detener la investidura de Biden, cosa que no ocurrió. De igual forma, la ciudad estuvo fuertemente custodiada por la fuerza militar y policial: ¡No querían sorpresas!

Biden: “Hoy celebramos el triunfo de la causa de la democracia”

Luego de tomar juramento, accedió al podio e inició sus palabras, probablemente las más sentidas que he tenido la ocasión de oírle al longevo presidente. El mensaje está claro, “La democracia es preciosa, es frágil; pero en estos momentos, mis amigos, la democracia ha prevalecido”. Con ese inicio, no sólo sabe que la democracia estuvo en tela de juicio, sino que, al menos hasta ahora pudo salir airosa. Además conjeturo, que Biden, experimentado en la política, conoce la fragilidad del momento y de los desafíos que enfrentará su administración, no sólo por la pandemia, sino por el tipo de oposición que podrá hacer Trump y sus agitadores, vuelvo y repito, Donald Trump lo dijo: “Volveremos de alguna manera” y es que tal vez, no sea una forma literal, pero el odio sembrado, se convertirá, en odio recogido, en ese despertar de los fantasmas de la división, de la guerra del siglo XIX, de las luchas raciales del XX y de todo lo que poco a poco y con mucho esfuerzo ha dejado atrás Estados Unidos. No me queda la menor duda, que en este aspecto, Biden está perfectamente claro.

 Afirmó el presidente: “Yo seré el presidente de todos. Lucharé por aquellos que sí me respaldaron y los que no. Nos enseñaron en las últimas semanas una verdad dolorosa: hay verdades y hay mentiras. Y llamo a defender la verdad y derrotar las mentiras”. Creo que conserva un estilo muy particular que me recuerda la era Obama. Esta frase es uno de los elementos que vengo advirtiendo: Biden sabe lo que pasó y sabe que si su gestión fracasa, se desatarán los demonios del extremismo y la intolerancia podrían socavar esa democracia que pareció tambaleante el 6 de enero.

Los desafíos

No son solo para la democracia norteamericana. El mundo está en un avance autoritario que no se advierte a simple vista. Si nos fijamos, el Democracy Index que proporcionó The Economist, dio cuenta que en 2019 solo hubo en el mundo 22 democracias plenas de 165 países en estudio, y para entenderlo mejor, ese mismo índice dio cuenta de 54 democracias frágiles, 37 híbridas y 54 regímenes autoritarios. El 2019 fue catalogado como un año particularmente nefasto para el crecimiento de las democracias y las libertades del mundo, con lo cual, la democracia norteamericana no es solo la que está en juego, es probablemente el sistema de las democracias liberales, fruto del mundo occidental, que con sus defectos, pero con sus grandes virtudes, nos ha permitido llegar a donde estamos.

Creo que mi llamado de atención es, en todo momento, a frenar el avance del autoritarismo, a combatir los regímenes que pretenden subyugar a los ciudadanos y a que éstos asuman cada día más un rol protagónico en la sociedad. De eso dio ejemplo Estados Unidos hoy, el detalle es que el avance autoritario es eso, un avance que está frenando las democracias y las libertades. Espero que estas palabras del presidente Biden con las que comparo lo más obsceno del autoritarismo, se hagan realidad, “Esta turba pensó que podía usar la violencia para silenciar al pueblo. No ocurrió, nunca ocurrirá, ni mañana. Jamás ocurrirá.” Asumamos nuestra responsabilidad para que el autoritarismo que avanza y pretende silenciar los pueblos, sea derrotado.

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