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El último bastión de la libertad

Tras la ilegítima elección del pasado 6 de diciembre, cuestionada y no reconocida por la comunidad internacional, el chavismo volverá al Palacio Legislativo. Volverá para continuar un proyecto de fracaso nacional, bajo un gobierno que mantiene el poder a espaldas del país y con un alto nivel de rechazo social.

Mientras tanto, el 5 de enero acaba la historia de la oposición venezolana en el Parlamento nacional. Desdibujada, desgastada y sin rumbo, como un barco a la deriva. Este 5 de enero se configura la gran derrota de todo un país y se cae el último bastión de la libertad: la Asamblea Nacional, electa en 2015 por 7,728,025 venezolanos.

En diciembre de 2015, la Mesa de la Unidad Democrática logró la primera victoria en 17 años de gobierno del chavismo en el poder. Una victoria sin precedentes, que por primera vez permitiría materializar los cambios necesarios para cambiar la realidad del día a día. O eso pensamos los venezolanos.

El chavismo no lo permitió. Lejos de una separación de poderes y de respeto al Estado de derecho, el régimen persiguió, encarceló y asesinó a diputados opositores, gobernó mediante un Tribunal Supremo de Injusticia para anular al único órgano electo de forma democrática, instaló una Asamblea Nacional Constituyente que nunca redactó una constitución y situó una Junta Directiva coaptada en una sesión sin quorum en enero de 2019.

En el camino, Juan Guaidó se juramentó como Presidente Interino de Venezuela, logrando la movilización masiva de los venezolanos en las calles y el reconocimiento de 50 países de la comunidad internacional, hitos que no fueron suficientes para lograr un cambio político y presentar una alternativa de cambio real a los ciudadanos.

La ausencia de soluciones reales, la continua destrucción del país, la pandemia y la desesperanza juegan en contra de la oposición venezolana. Ante falta de estrategias, de planes de acción que sean capaces de cambiar el rumbo de los acontecimientos y “abrir caminos”, el régimen de Nicolás Maduro jugó al desgaste opositor y logró la estabilidad de la coalición.

Ante la convocatoria de unas elecciones sin garantías, la Asamblea Nacional de mayoría opositora, hizo un llamado a los ciudadanos a participar en una consulta popular, que demostró una vez más la desconexión existente entre el liderazgo opositor y la mayoría de los venezolanos. Sin embargo, los ciudadanos respondieron al llamado y participaron en este proceso, dando un nuevo voto de confianza al liderazgo de Juan Guaidó.

La respuesta de la dirigencia, de nuevo, parece apuntar al camino incorrecto: un acuerdo para el “cumplimiento de la consulta popular” y la delegación de las atribuciones de la Asamblea Nacional en una Comisión Delegada juramentada en una sesión poco transparente. Ambas cosas no solucionan el problema de fondo de estos últimos años: la ausencia de una estrategia que movilice, entusiasma y logre convencer al mundo entero de que estamos en una crisis.

Hoy es necesario que la oposición retome la vía de la política y renuncie a ser un gobierno en las sombras. Frente a la barbarie y el avance autoritario del chavismo, el país necesita la reconstrucción del liderazgo opositor, la concreción de un plan para movilizar a los ciudadanos y la recuperación de la confianza, para reconectar con la ciudadanía. La honestidad, la franqueza y un discurso convencedor son las mejores herramientas para lograrlo, pero no es suficiente.

Por ello, se hace más imperante que nunca la exploración de nuevas alternativas para abrir los caminos de la política y la construcción de consensos entre el chavismo y la oposición, con el objetivo de lograr la restitución de los poderes públicos y la realización de elecciones libres, justas y transparentes.

En estos tiempos tan difíciles y retadores, el diálogo y la negociación, acompañados de una movilización popular deben ser las banderas de una nueva estrategia para la reconstrucción de Venezuela. La democracia, tan anhelada por años, debe convertirse en una aspiración real.

Ante la inacción opositora, el chavismo nos arrebata la Asamblea Nacional: el último bastión de la libertad.

 

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Luis Rendueles

Politólogo venezolano. Consultor político digital. Columnista en Hilos de América y Revista Acción Política.

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