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El proceso constituyente de Chile

Luego de que fuese retrasado desde Abril por la pandemia, el recién pasado domingo 26 de Octubre 2020 se llevó a cabo el tan esperado plebiscito en que a la ciudadanía chilena concurrió a urnas para manifestar su voluntad en torno a la siguiente premisa:  ¿Quiere Usted una Nueva Constitución? seguida con las alternativas “Apruebo” y/o “Rechazo” y una segunda cédula electoral compuesta por la pregunta ¿Qué tipo de órgano debiera redactar la Nueva Constitución?: “Convención Mixta Constitucional” o “Convención Constitucional”. Situación frente a la cual se obtuvo una victoria aplastante por parte del Apruebo, con un 78,28% de los votos y la Convención Constitucional con un 78,99%.

Es necesario primero hablar del contexto bajo el cual el pueblo chileno inicia el nuevo proceso constituyente. Y es que nace en medio de un estallido social originado por una gran cantidad razones, que de manera muy simplificada podríamos englobar en los conceptos: desigualdad, abusos y falta de oportunidades.

La causa inmediata fue la subida de 30 pesos en el valor del transporte durante Octubre de 2019, pero como bien dicen en las calles “no son 30 pesos, son 30 años”. El levantamiento ciudadano habla de una de crisis de representatividad de clase política actual, que no ha sabido responder a las justas demandas ciudadanas, tales como el derecho a una salud, pensiones, educación, entre otros. Han sido más de 30 años donde los chilenos han visto sus derechos vulnerados, regidos por una Constitución impuesta durante la dictadura militar, la cual además de limitar el poder del pueblo ya que cuenta con múltiples “candados a la democracia” al consagrar quórums anti mayoritarios, fue diseñada para proteger el sistema neoliberal impuesto, privilegiando la lógica de mercado y a las personas jurídicas por sobre las personas naturales.

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Cansados de esta situación, millones de chilenos salieron a protestar y exigir una vida más digna. Fueron semanas seguidas de protestas, donde la represión por parte de las fuerzas del Estado cometieron múltiples abusos y violaciones a los derechos humanos. Se perdieron ojos, se revivieron traumas de la dictadura, incluso se perdieron muchas vidas y definitivamente se perdió la confianza en las instituciones del Estado. Por lo que, las principales fuerzas políticas del país, se vieron forzadas a firmaron en el mes de Noviembre de 2019 el llamado “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” con el objeto de “calmar las aguas” entre la ciudadanía. Marcándose así el inicio formal de nuestro proceso constituye.

En cuanto al plebiscito en sí, existieron dos opciones: una “Convención Constitucional” compuesta por ciudadanos y ciudadanas elegidos con el objeto específico de integrar el órgano constituyente, la cual obtuvo un 78,99%. Y la “Convención Mixta Constitucional” compuesta por mitad de parlamentarios ya electos, y la otra mitad, por representantes electos específicamente para que sean nuestros constituyentes, la que perdió con un 21,01%.

Ha sido un proceso muy extenso, por lo que los ánimos de la gente han ido cambiando con el tiempo. Personalmente, como adepta del Apruebo, considero que el ambiente durante este domingo de votaciones fue mágico. Realmente como decía mi abuelo, a quien le hubiese encantado ver caer al fin el gran símbolo de la dictadura, vivimos por primera vez la fiesta de la democracia. Desde que en el país el sufragio es voluntario, la participación es muy baja, pero esta vez las calles estaban repletas, de hecho, acorde a las cifras ha sido el proceso electoral más masivo de la historia de Chile, por lo que sin duda el resultado es la verdadera expresión de la soberanía popular.

Los adeptos al rechazo, quienes constituyen un 21,72%, se dedicaron a hacer la “campaña del terror” y más que explicar porque es tan buena la Constitución actual y porque es innecesario, a su juicio, crear una nueva; su mensaje se basó en que votar Apruebo equivale a avalar la violencia y los destrozos que se han producido durante las manifestaciones o que la economía del país se va a destruir.

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La verdad, es que esta opción sólo ganó en 3 de las comunas más ricas y acomodadas del país. En todas las demás, el Apruebo superó el 80%, quedando demostrado que no era “Rechazar para reformar” como su eslogan indicaba, si no que, era protección de sus derechos dejando las cosas iguales para los demás.

Por otro lado, para los del Apruebo, todo nace desde lo más profundo de la rabia y el descontento por la forma en como esta constituido nuestro sistema, pero se asoma la esperanza de un Chile más igualitario y digno. Pues lo que desea realmente el pueblo no es el mero cambio del texto en sí de la Carta Fundamental, si no que, esta nos habilite al fin para hacer los cambios necesarios a las leyes vigentes o crear leyes nuevas que no sean inconstitucionales, para permitir el desarrollo de una sociedad más justa. Porque hay que tener claro, cambiar la Constitución no lo arregla mágicamente todo. Automáticamente la salud publica no se vuelve excelente, ni las pensiones aumentan de valor. Lo que nos permite una nueva Constitución es deshacernos de los obstáculos que estableció la dictadura en ella.

En mi opinión, el mayor problema de la Constitución actual, y la consiguiente necesidad de reemplazarla, reside en que esta refuerza la institucionalidad y el sistema impuesto por la dictadura, principalmente por medio de dos figuras o instituciones. En primer lugar, las llamadas “leyes orgánicas constitucionales”, encargadas de regular las materias más relevantes de nuestro sistema, sólo se pueden modificar o derogar si el 58% de los parlamentarios de cada cámara vota a favor. Lo cual constituye un quórum contra-mayoritario, porque no permite realmente que la mayoría decida, entrega una suerte de poder de veto a las minorías, restringiendo el sistema democrático. Y en segundo lugar, el Tribunal Constitucional. Órgano encargado de velar por la constitucionalidad de las leyes y decretos, el cual históricamente se ha inclinado por interpretar las disposiciones de la ley de manera desfavorecedora, aún cuando podría hacerlo con un enfoque en el Estado de Bienestar.

Por ejemplo, en lo referente al derecho de propiedad, se señala que esta puede ser objeto de limitaciones en virtud de su función social (artº19 Nº24) pero se ha elegido privilegiar la lógica de mercado, por lo que bajo la premisa de que “la Constitución asegura los derechos humanos de todas las personas”, el término “personas” se ha interpretado tan ampliamente que ha permitido que incluso las empresas o personas jurídicas sean protegidas bajo el alero de los derechos humanos. Por lo cual, en lo referente al posible contenido del nuevo texto constitucional, si bien este dependerá de lo que se discuta y decida en el seno del órgano constituyente. La discusión, a mi juicio, siempre deberá considerar tres cuestiones intransables: la República, la democracia como forma de gobierno y el pleno respeto de los derechos humanos. Pero, además, debiese priorizarse el establecimiento de quórums de aprobación, modificación y derogación de la ley que, si bien sean seguros y propendan a otorgar la estabilidad necesaria dentro de un Estado de Derecho, sean fijados en relación a porcentajes mayoritarios y que permitan el flujo de la expresión de la verdadera voluntad soberana. Pues la democracia, es en primer lugar el gobierno de las mayorías.

Ahora bien, pese a que me alegro enormemente de la victoria del Apruebo, hay 3 aspectos que principalmente me preocupan durante este proceso. La innegable inestabilidad económico, político, y social que tendrá Chile los próximos dos años. La ilusión mágica que tienen muchas personas de que los cambios van a ocurrir de manera rápida y definitiva, lo cual ciertamente no será así, por lo que probablemente no sea el fin de las manifestaciones. Y el hecho de que, siendo realistas, quienes tendrán acceso a redactar la carta fundamental, en la práctica, seguirán siendo en su mayoría, a excepción de uno u otro independiente que pueda acceder a conformar la convención constituyente, los partidos políticos que se han perpetuado en el poder y han propiciado el modelo actual que encarna la profunda desigualdad social en Chile.

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Destacar, que el reciente plebiscito no es una automática victoria de la nueva Constitución, pues el proceso contempla un acto democrático de salida llamado “plebiscito ratificatorio, el cual contempla un sufragio obligatorio, para que el pueblo apruebe o rechace la Nueva Constitución redactada lo que garantiza una importante participación ciudadana en este acto. Por lo que, durante esta primera etapa del proceso, básicamente sólo hemos ganamos la posibilidad de sentarnos a conversar sobre el Chile que queremos.

La ciudadanía aún deberá concurrir en abril de 2021 a elegir a los 155 representantes de la Convención. Una vez comenzado el trabajo aproximadamente en junio de 2021, la Convención tendrá entre 9 a 12 meses de trabajo, y finalmente, el Presidente de la República deberá convocar a un nuevo plebiscito. En caso de que gane el «apruebo”, deberá promulgarse la nueva Constitución, y en caso de que triunfe el «rechazo», continuará vigente la actual Carta Magna.

De cualquier forma, es innegable la importancia histórica del plebiscito constitucional del 2020. Pues ya el hecho de que exista la posibilidad de que una nueva Constitución nazca en un periodo constitucional regular, en una democracia y Estado de Derecho, y que además vaya a ser redactada por un grupo 100% popularmente electo, siendo la primera Constitución en el mundo escrita con paridad de género, es motivo suficiente para alegrarme y generar esperanza.

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Beatriz Bravo Cuadra

Alumna de cuarto año de Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Ayudante del Departamento "Derechos Humanos y Empresa" y del Departamento "Derecho, Filosofía y Política".