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¿Cómo será el trabajo del futuro para los gobernantes?

¿Cómo será el trabajo del futuro para los gobernantes? Esta es una pregunta que tarde o temprano los políticos del mundo tendrán que hacerse. Si retomamos opiniones antiguas recordaríamos que se consideraba que el trabajo del futuro iba a ser desde nuestras casas, manipulando artefactos interconectados, ¿podríamos decir que el trabajo del futuro es hoy? Lo que no se pensó es que ese futuro llegaría a medias, con la plaza de San Pedro sin fieles, un metro neoyorquino limpio y un mundo sin fútbol.

La ironía es que mientras que muchos considerarían erróneamente que en la Argentina se está trabajando bien, en realidad se está trabajando como se puede.

Cuando uno acata la norma de la alarma, cuyo fin no es otro que evitar que la incertidumbre estalle en forma de pánico, debe trabajar obviamente desde el presente con toda la información actual y pasada. En este aspecto obviamente latinoamérica salió bien parado por lo que tardó el coronavirus en aparecer en el continente, pero casi en al mismo instante sonaron otras alarmas. Aquellas bien gestionadas fueron como un ruido de mosquito, las mal gestionadas en la Argentina significaron la guillotina para algunos funcionarios.

Lo particular del futuro del trabajo para los gobernantes es que va a poder comprender los climas sociales antes de que estallen a raíz de la Big-Data. Nos cuesta trabajo imaginar cuantas alarmas se habrán encendido, a la fecha a través de esta herramienta, y fueron controladas.

Ahora bien, imaginemos que el presidente del gran bigote y la guitarra tuviera Big-Data a su servicio, ¿hubiese podido evitar los motines en las cárceles? Aquellos con reos pidiendo la liberación por miedo a contagiarse en medio de un confinamiento con superpoblación y falta de higiene.
Posiblemente no, y digo posiblemente porque nadie conoce al 100% el poder de la Big-Data. Para algunos creyentes ya han truncado una elección en nada más y nada menos que el país más poderoso del mundo.

El problema son las fake news, son orquestadas por individuos que saben mucho de todos, parecen a simple vista términos separados, pero están muy entrelazados. Saben tanto de vos que pueden manipularte con algo tan simple como un mensaje de audio, como el de un supuesto médico del servicio penitenciario que decía que el Covid estaba haciendo destrozos en las prisiones del país. El mismo que les llegó a los habitantes de la prisión de Florencio Varela y culminó con un motín y la muerte de un reo. Luego la noticia se viralizó, se generaron más motines a lo ancho y alto del país, obligó al gobierno a negociar con los presos y peor aún revivió el antiguo “emblema” de la oposición de “el peronismo es blando con los delincuentes”, que enfocado en datos reales podemos decir que Cambiemos en el poder tuvo más detenciones que el peronismo en años anteriores.

Pero el problema no termina ahí, en el medio hay un ejército de bots, trolls o AI que cuando aparece una noticia que puede debilitar a tal gobierno o candidato empiezan a replicar, algo cada vez más típico cuando hay fake news. Este llega a los usuarios, y de estos a otros con más autoridad. La autoridad hoy, gracias a la mirada vaga del internauta, es vista como fidedigno. La fake news alcanzó a una jueza de la localidad de Quilmes que se expresó sobre el tema y finalmente luego de eso los medios opositores hablaron de los supuestos 2000 excarcelados, de los cuales había 176 abusadores sexuales.

Los medios jugaron con la primicia, a pesar de que en el mundo de hoy vale más la confianza. En conceptos generales se había generado una burbuja informativa en la audiencia opositora, sin embargo, cuando los medios tomaron el tema, los oficialistas salieron a hablar. Esto ocurrió porque los medios siguen siendo ejes de confianza pública. Luego de varios días donde se hablaron de cifras no oficiales, de debates entre vecinos y autoridades, tanto oficialistas y como opositores, el 29 de abril vía Twitter (casi 20 días después de la primera alarma) Fernández habló del tema. Los días siguiente se dieron cifras oficiales que eran mucho más bajas de lo que alardeaban los medios opositores. Lo que nos deja una duda ¿Por qué los medios colaboran con la desinformación?, ¿fueron conscientes de ello? O tal vez solo compartieron la información como todos.


No hay que mentirnos, esto no se trató de una tormenta perfecta, las prisiones argentinas son una tormenta que lleva años goteando sobre todos los gobiernos. Esta alarma fue una crisis porque alguien quiso que suene, alguien investigó el mejor momento para que empezar a mover el avispero.


¿Cómo será el trabajo del futuro para los gobernantes? Será con blindaje, será con leyes que castiguen las fake news, como se castiga a cualquier medio tradicional. Esto puede ser la punta del iceberg de cualquier problema de comunicación gubernamental.

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Licenciado en Comunicación en Publicitaria e Institucional, con Master en Comunicación Política e Institucional y experiencia en estrategia de comunicación política y marketing digital.

Voluntario en el Instituto Moisés Lebensohn

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