Enroques en el Titanic

Es célebre la imagen de los músicos en la cubierta del Titanic tocando mientras el barco se hundía irremediablemente. Esa es la sensación que da al observar los cambios de las máximas autoridades en las empresas y/o Ministerios del Estado venezolano en esta monumental y catastrófica crisis.

No obstante, el hecho tiene su explicación. Es una mezcla de pugnas internas que se suman al agotamiento del margen de maniobra en vista del evidente colapso del improvisado modelo.

A mediados del 2018 Tareck El Aissami es desplazado de la Vicepresidencia de la República, pero le asignan la responsabilidad del área económica. Desde entonces empieza a replantear algunos elementos en la estructura de la política económica. Fundamentalmente toma dos decisiones:

  1. Aminorar la brecha entre el tipo de cambio paralelo vs el oficial (es entonces cuando el “dólar BCV” empieza a correr más rápido que el “paralelo”) y;
  2. Elimina los controles de precios, y con esto, se regulariza el abastecimiento de buena parte de los productos básicos y consecuentemente, casi desaparece  el difundido oficio de los “bachaqueros”.

No voy a detallar los objetivos o motivaciones de El Aissami para estas decisiones; sin embargo, es evidente que con la nueva ecuación hay ganadores y perdedores. Por una parte, un sector del empresariado puede producir sin tener que hacer peripecias como los subsidios cruzados y otras perversiones que conspiran y arruinan cualquier estructura de costos, y ponen al borde de la viabilidad a la industria. Es decir, el cálculo político que se podía otear era que el gobierno  (o un sector de este) estaba apostando a la consolidación de una burguesía aliada (nacida o no en los años de chavismo).

Sin embargo, como ya mencionamos, la ecuación también tiene un perdedor: ciertos sectores populares que, por una parte, perdieron la posibilidad de intermediación (bachaqueo) y por otra parte, dejaron de tener acceso a rubros subsidiados o a precios ficticios, que además se convirtieron en incomprables para quienes viven de sueldos oficiales. Para colmo de males, ese sector es precisamente entre quienes quedaban algunos de los “leales siempre”.  Es allí cuando se le presenta un problema al principal líder del PSUV: Diosdado Cabello.

Hay que decir que una de las claves del chavismo siempre han sido las transferencias (subsidios, independientemente de la fuente). Pero las fuentes se fueron secando, y el bachaqueo era una transferencia cuyo impuesto era pagado por un sector de la población (empresariado, la maltrecha clase media e incluso buena parte de los propios sectores populares)

Volviendo al análisis de actores, hay que recordar que la rivalidad entre Cabello y El Aissami es de vieja data, y en la medida que transcurre el tiempo, la confrontación parece aumentar. La cúpula del gobierno es un hervidero de grupos, que no están amalgamados por alguna ideología o doctrina, más allá de la conocida fraseología revolucionaria advertida por el propio Lenin.

Todo el año 2019 transcurre en un toma y dame entre El Aissami y Cabello (casi siempre saliendo derrotado el segundo que fue perdiendo espacios sistemáticamente). Pero al plan económico de Tareck se le empieza a acabar la gasolina (literalmente). Aunque su pragmatismo estaba impregnado de racionalidad económica, su plan no era viable, pues un país sin energía está condenado a la pobreza y a la ruina económica, no importa el modelo que siga.

Al ya colapsado sistema eléctrico, se suman el colapso de las refinerías y el fin del dinero para importar gasolina (todo esto aderezado, claro que sí, por las sanciones a PDVSA  que iniciaron en 2019). Cuando el crack es ya inminente; surge providencialmente el COVID-19, cuya pandemia le da un respiro a la Federación de grupos que gobierna Venezuela. Logran correr la arruga por algunas semanas, no más.

Un poco antes de este colapso que estamos viviendo, más o menos a inicios de año, la primera semana de Enero de 2020 para ser exactos, la Asamblea Nacional Constituyente lanza un golpe al aire, declarando que hay que controlar los precios. Inmediatamente se despliegan, tímidamente, por algunas ciudades del país, algunos fiscales de la SUNDEE, esta vez sin una figura protagónica como solía ser William Contreras, pues ya para entonces Cabello no tiene el control de la SUNDEE, han sustituido a Contreras (hermano de la esposa de Cabello) por Enaida Laya, figura alineada con Tareck El Aissami. De este modo, aquel episodio no pasó a mayores y quedó como una malcriadez sin impacto real en la cotidianidad nacional.

Ahora, ya en el punto de colapso, como describimos antes, sin energía eléctrica, con niveles absurdos de gasolina, con los inventarios de alimentos disminuidos por la falta de transporte pesado, los precios se disparan. Pero adicionalmente, le exigen a la gente (que en su mayoría vive del día a día) que no trabaje, es cuando la situación social se torna insostenible y empiezan a registrarse saqueos y todo lo que hemos visto estos días.

Las bases del PSUV están enardecidas; entonces la cúpula decide ganar tiempo regulando los precios. La jugada es multipropósito. Por una parte se tercerizan las responsabilidades “la culpa es del empresario, enemigo del pueblo”, argumento siempre fácil de vender, y más aún con el apabullante sistema de propaganda en manos del Gobierno. Además, arremeter contra los inventarios de las grandes empresas de alimentos les permite hacer una suerte de “Dakaso” famélico, repartir algunas cajas CLAP y vender por unos días alguna mercancía al precio “acordado” (eufemismo absoluto).

Pero esto no es todo. Esta es la oportunidad de oro de Cabello de desplazar la estrategia económica de Tareck, las condiciones políticas se prestan como anillo al dedo. Ellos saben que esta regulación va a generar de nuevo el fenómeno bachaquero, y de ese modo el regreso de las transferencias a los restantes “leales” de las bases, y quizá así volver a la “estabilidad” de los años anteriores.

Pese a ello, el toma y dame sigue, y El Aissami (que ya había logrado intervenir la PDVSA del Gral. Quevedo, hombre de Cabello) le da el golpe de gracia, desplazando al Gral Quevedo del Ministerio de Petróleo para encabezarlo él directamente, y como por si fuera poco, termina de desplazarlo de PDVSA, y aunque el nuevo presidente de la estatal petrolera (Asdrúbal Chávez) no es un hombre de Tareck, lo importante es, en términos de El Aissami, haber logrado el desplazamiento de Cabello.

A pesar de todo lo señalado, están en la cubierta del Titanic.