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Hablemos de Ética en la Comunicación Política

En esta segunda entrega de “Hablemos de Ética en la Comunicación Política” conversamos con uno de los consultores más experimentados en el mundo de la política y de asesoramiento en Campañas Electorales a nivel internacional,  Carlos Fara. En 33 años de experiencia, Fara  comparte sus impresiones sobre qué desafíos le depara al mundo de la consultoría política en su consolidación hacia la profesionalización, ofreciendo claves y consejos útiles a los consultores políticos que inician sus carreras.

RAP – En el mundo de la política, existe la posibilidad de encontrarnos con profesionales corruptibles. La falacia de que “la política es corrupta” parece ser una verdad incontrovertible y eso arropa a los consultores políticos. Se alega muchas veces que se dedican al asesoramiento de cuanto candidato se les presenta en el camino, que el dinero que reciben por concepto de honorarios, puede ser dinero sucio o dinero público. Pero lo más llamativo es que algunas veces dichas afirmaciones caen en la generalización. ¿Qué opinión le merece?

CF – Las distintas asociaciones políticas tienen sus códigos de ética que fijan reglas básicas, más allá de las que cada uno quiera tener. Creo que se debe diferenciar diversas cuestiones:

1) el origen del dinero (en la gran mayoría de los casos imposible de establecer), y

2) las conductas éticas del candidato en su vida política.

La generalización siempre es injusta, ya que en esta actividad hay de todo, como también ocurre en otros ámbitos: desde abogados a contables, pasando por ingenieros y médicos. Sin embargo, esto que se achaca a la política, no se toma la misma vara en otras actividades.

Nadie le cuestiona al médico si recibe dinero por sus honorarios sin cuestionar la ética del paciente. Ni un constructor interroga a un cliente que quiere comprar una vivienda, y así sucesivamente. De modo que el debate ético debe partir desde el conjunto de la sociedad, y no particularizarlo en ninguna actividad profesional en particular.

RAP –  ¿Cómo es ser ético al asesorar a un candidato o a un gobernante? ¿Es utópico pensarlo o practicarlo?

CF – No es utópico. Debemos partir de la reflexión de Weber sobre la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad porque a la política no se la puede juzgar con la misma vara que a un ciudadano común en su vida cotidiana.

Si no se tiene eso claro, se pueden cometer muchos errores de apreciación sobre lo difícil que significa tomar decisiones políticas cuando hay un objetivo mayor a alcanzar.

La enorme mayoría de los dirigentes políticos, candidatos y gobernantes se enfrentan a severos dilemas cotidianos que los ponen en contradicción con sus convicciones. Sin embargo, la historia está repleta de grandes ejemplos de quienes tomaron ciertas decisiones a disgusto en función de un bienestar de largo plazo para las sociedades.

Más allá de eso, en lo personal nunca me he involucrado en situaciones de difamación o ataques sobre la vida personal de los adversarios, ni en campañas sucias. La batalla política e ideológica admite un intercambio de mensajes, aún severo, que no implica violar las normas elementales de la ética.

 

RAP – Si el consultor político pudiera ser encuadrado como un interlocutor entre el sentimiento de la ciudadanía y candidatos o gobernantes, ¿Qué significa transmitir la verdad en los mensajes y tácticas de comunicación entre candidato/gobernante y sus electores/ciudadanos?

 CF- Partamos de la base que no hay verdades absolutas ni objetivas, menos aún en el marco de un debate democrático. De modo que todos los actores tienen verdades parciales y desde ya destacan la que consideran real. Lo que está fuera de la ética es mentir: inventar datos que no existen, difamar sobre cuestiones personales, entre otros.

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