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Hablemos de Ética en la Comunicación Política

Hablemos de Ética en la Comunicación Política, será un seriado semanal que circulará por nuestras redes sociales y que contará con entrevistas muy breves a destacados consultores de Comunicación Política y de Gobierno con la finalidad de constatar sus opiniones, experiencias y conceptos respecto a la ética en el mundo de la política. En la primera dosis, contamos con la participación del destacado Daniel Ivoskuz, quien desde Argentina nos plasmó su postura respecto a temas que hoy resuenan en América Latina,

 RAP- Giovanni Sartori planteó en el Homo videns: la sociedad teledirigida que el hombre era susceptible de perder su capacidad de abstracción y simbolismo con el advenimiento del progreso tecnológico. Ahora, la irrupción de las TIC ́s ha hecho que el acceso a la (des)información sea mucho más inmediato. ¿Existe una ética en la Comunicación política que pueda, profesionalmente hablando, hacer frente a los desafíos que presentan los nuevos tiempos?

DI- Referirnos a la ética de la comunicación política en tiempos de Fake News, campañas negras, manipulación a los medios de comunicación, entre otros problemas que surgen de los actuales procesos políticos y electorales de nuestra región y el mundo, nos llevaría a creer, que establecer una directriz ética para la comunicación política es un tema prioritario en la agenda de esta industria o de algunos sectores interesados en el tema, hasta el momento no se le ha dado la suficiente atención que debería tener.

El acceso a la información se fue democratizando con la llegada de los nuevos medios, este hecho no significó que la ciudadanía estuviera más y mejor informada. En la actualidad los procesos políticos y electorales enfrentan diferentes limitaciones con el advenimiento de las Tics (Tecnologías de la Información y comunicación) exponiendo sobre la mesa profundos debates sobre la transparencia, calidad democrática y el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz y confiable.

En medio de noticias virales, rumores, criticas despiadadas y frivolidades que satirizan la realidad expandiendo sus efectos de manera ilimitada en figuras públicas, partidos y gobiernos. En la instantaneidad de hoy y a toda velocidad se cocinan desde twitter, al calor de una afirmación, una filtración o, peor aún, una mentira o media verdad. Las redes sociales han alterado para siempre el ritmo de la comunicación, añadiendo a la clase política un mecanismo de presión del que no tenemos memoria.

Si bien, desde los gobiernos y algunas de las compañías más representativas de las nuevas tecnologías, se están llevando adelante algún tipo de medidas para contrarrestar la (des)información no ha sido suficiente. Una sociedad basa su progreso en democracias estables, transparentes que actúen de cara a la ciudadanía y no a sus espaldas; respetando la libertad de expresión de cada ciudadano, brindando credibilidad y verdad a los procesos de información. Y es desde este lugar donde se debe construir la ética de la comunicación política como un nuevo contrapeso a la (des)información y a la desconfianza en el poder político tradicional. Elevar un puente de confianza entre los políticos y la ciudadanía es el primer paso para dar para cimentar una ética de la #ComPol.

RAP – En el mundo de la política, existe la posibilidad de encontrarnos con profesionales corruptibles. La falacia de que “la política es corrupta” parece ser una verdad incontrovertible y eso arropa a los consultores políticos. Se alega muchas veces que se dedican al asesoramiento de cuanto candidato se les presenta en el camino, que el dinero que reciben por concepto de honorarios, puede ser dinero sucio o dinero público. Pero lo más llamativo es que algunas veces dichas afirmaciones caen en la generalización. ¿Qué opinión le merece?

DI – Tras una serie de hechos de corrupción alarmantes en la región y en medio de un descontento generalizado afirmaciones como: “la política es corrupta y todo lo que gira en su entorno también” dan cuenta de una malversación y de cómo se construye el imaginario colectivo del ciudadano en los tiempos de hoy.

Primero que todo hay que desmitificar el prejuicio de la decisión del consultor/ra política sobre a quién decide asesorar o no. Como en todas las profesiones siempre hay una escala de valores y decisiones que van de acuerdo a los principios de cada uno. La consultoría política no es una profesión nueva ni mucho menos; se remonta a la Antigua Grecia, pero hay que destacar que durante los últimos años dio un gran salto cualitativo y cuantitativo abriendo la industria y este campo de trabajo. Creo que el pago por los servicios de un consultor político es igual de valido para quienes desarrollan sus profesiones ya bien sea en el campo de las ciencias sociales, economía, salud cualquiera que sea. Demeritar el derecho de un consultor a obtener el sueldo correspondiente por su experiencia y conocimiento no tiene sentido y tampoco desprestigiar su labor aludiendo a los dineros sucios, corruptos o de otra índole. El consultor también cumple una labor de trabajo como un funcionario público, trabaja al servicio de gobiernos y en la construcción de la institucionalidad de un país, región o municipio; hay que trabajar para el reconocimiento de nuestra profesión en la región la cual se encuentra en continuo crecimiento y está en las manos de los consultores políticos desmitificar todo este tipo de prejuicios.

 RAP – ¿Cómo es ser ético al asesorar a un candidato o a un gobernante? ¿Es utópico pensarlo o practicarlo?

El episodio 8 Consultoría Política de EL BUNKER propone este debate ¿Cuál es la tarea específica de un Consultor Político? Principios, ética y honestidad: ¿una misión imposible? Y en verdad se pone muy interesante, cómo cada consultor invitado al programa nos aporta desde su perspectiva para comprender la ética del consultor.

Entramos en un terreno de cuestiones subjetivas. Si bien, algunos criterios o principios están ajustados a la escala de valores de cada consultor, hay principios de fondo que también construyen a la profesión y que hay que llevar como un mantra en cada oportunidad donde desarrollemos labores de consultoría y asesoría política. La honestidad y el valor de la palabra realmente marcan la diferencia entre los consultores políticos, el profesionalismo y el respeto hacia el político y la ciudadanía debe ser el centro de nuestra estrategia política y comunicacional. No es una misión imposible desarrollar nuestras labores con principios; adscribe a la virtud del consultor, su criterio y capacidad de análisis para dar el paso indicado en el momento justo y hacer de un entorno complejo su terreno de fortalezas más que el de debilidades.

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