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La movilización electoral exitosa

La competencia política ha propiciado la profesionalización de las diversas funciones y especialidades que participan en la disputa por el poder y los cargos de elección popular. La democracia, el marketing político y el crecimiento en el interés por los asuntos públicos, o por lo menos la abundancia de la información sobre las cuestiones del ejercicio de los gobiernos y partidos políticos, demanda la sistematización de las campañas electorales y la estratificación de sus funciones y estrategias.

En este contexto, la comunicación política es un “producto nuevo” cada vez más sofisticado. En ese tema, la experiencia en el pasado reciente era limitada a una campaña de publicidad simple, con pocos elementos; al manejo de medios de comunicación unidireccionales, con un número reducido de piezas y productos y sin una verdadera interacción con los electores más allá de la propaganda. Del cine de las primeras décadas del siglo pasado, a la irrupción de la encuesta y la televisión en la política y la disputa electoral, y ahora del spot y del multimedia, la demanda de habilidades tanto de producción como de comunicación de equipos y candidatos cambió radicalmente. Ya no hay magia, hay técnica en comunicación política, un nuevo mensaje simplificado que venció a las largas disertaciones masivas en estadios, para prescribir como exigencia la adaptación a los nuevos formatos de la comunicación inmediata, en la que la brevedad y la consistencia son nuevas claves del éxito.

Maarek, se refiere, por ejemplo, al uso generalizado de herramientas demoscópicas y agrega “hoy en día, las informaciones que proporcionan las encuestas, que se desarrollan con idénticas técnicas que las investigaciones de mercado han motivado que los políticos inicien sus campañas conociendo los públicos que piensan votarle con toda seguridad, los que no votaran en ningún caso y los que están indecisos, a estos últimos los partido van a dirigir sus mensajes”.

Sin embargo, además de la segmentación que propone la diversidad de electores y la parte exclusiva de ellos que está en disputa en una elección, parece que la modernización de las campañas electorales mantienen en un lugar preponderante a la movilización, a la organización de rutas, estrategias y controles para que el día de las elecciones, las horas breves que dura una jornada electoral , todas las acciones del periodo de campaña concurran en una sola cosa: el logro de la mayoría de votos de un candidato o partido. De hecho, es frecuente encontrar que en las etapas de una campaña electoral “clásica” se delimitan cuatro fase: el posicionamiento del candidato, la penetración de la oferta, la petición del voto y la movilización del día “d”, la cual es por supuesto la etapa más breve, pero de mayor intensidad para la cual se debe también estar preparado rigurosamente.

En consideración a lo anterior, habré de describir lo que pretende ser un modelo básico para la movilización del día “D” y dejar consignadas algunas razones que justifican su pertinencia.

Nuestro punto de partida recoge experiencias de diversos procesos electorales principalmente en México, Guatemala, Colombia, Venezuela y Paraguay. Si observamos que, en ese país, las estructuras partidistas de las principales fuerzas políticas tienen una penetración más o menos fuerte dada su amplia militancia; encontramos que hay una sector de los votantes que decide su voto incluso antes de la designación del candidato, otros lo hacen al conocer sobre quien recae la nominación, otros cada vez menos lo hacen al observar el curso de la campaña o en la víspera de entrar a la urna.

Esto nos ha enseñado dos cosas, la trascendencia de trabajar la estructura, con controles y una valoración acertada de los promotores de nuestro voto; así como la importancia de movilizar esa parte del voto que se disputa durante la campaña. En ese sentido, nuestra primera y más fuerte justificación de la necesidad de un Modelo Estratégico para la Promoción y la Movilización del Día “D” es que, en elecciones competidas, la diferencia la aporta el éxito, justamente, la movilización durante la jornada.

Las partes del Modelo:

El diagnóstico electoral supone la definición de objetivos electorales, el análisis desde el voto histórico pasando por las segmentaciones de variables demográfica, territorial y socioeconómico, entre otras.

El siguiente componente del Modelo es el talento humano, los colaboradores que asumen la organización, las redes y la promoción del voto. La virtud que debe buscarse en este punto es alinear la estructura organizacional del partido con la del comité de campaña. Asumimos que el promotor es la persona más importante del partido y de la campaña; le confiamos dos cosas fundamentales: primero ser un vocero del candidato, habla en nombre de él y de su causa lo cual supone una preparación y un mensaje inequívoco; y segundo, le confiamos la tarea esencial de movilizar de la casa a la casilla/mesa electoral y reportar de manera realista los avances. La efectividad de estos procedimientos implica que debemos conocerla en profundidad y confirmar su plena disposición a realizarla y no sólo que aparezca en una lista, pero sin tener claridad de su responsabilidad, de su meta de movilización, del mantenimiento del compromiso con sus promovidos, así como los tiempos y movimientos que le corresponden durante la jornada electoral.

Un nivel de compromiso alto del promotor tiene además la ventaja de funcionar como un blindaje ante la estrategia opositora que puede tenerlos como objetivo para cooptar, dividir, frenar y desactivar nuestra movilización. De ahí la relevancia de realizar un escrutinio de su estado y ofrecerles una capacitación que alinee a todos los promotores a una estrategia de promoción de voto y movilización.

La importancia de establecer metas realistas. La experiencia muestra que las metas de movilización superan siempre las metas de la votación. La multiplicación que se obtendría de la meta de cada promotor debe por tanto ser realista. En la medida en que la meta de votación y la de movilización se acercan más al resultado final, más realista y objetivamente se fijaron. El voto promovido es una expectativa, el voto depositado en la urna es el trabajo cumplido. Aquí es importante tomar en cuenta, justamente, la información demoscópica y el historial electoral como fuentes para establecer metas; sería, por ejemplo, perfectamente válido que la meta sería empatar o reducir la diferencia en aquellas secciones que son más proclives a los adversarios.

De la misma manera que la creación de la estructura de movilización está perfectamente descrita, las actividades que debe desplegar, también. Para ello se diseña, de manera milimétrica, un Plan de Promoción del Voto.

Por su parte, la defensa del voto en elecciones cerradas es también factor relevante. Para el caso de México es algo que demanda un equipo dedicado a “cuidar” el respeto al voto ya que el sistema electoral ha sido sometido a una suerte de judicialización, donde los resultados recorren en tribunales toda la ruta jurisdiccional.

Para tener éxito en la movilización del día “D”, lo que ha funcionado en Acción Polítik, empresa consultora que lidero.

1. La movilización se realiza con cuatro dimensiones: territorial, sectorial, institucional y en las redes ciudadanas que no pertenecen a partido alguno.
2. Aun en elecciones concurrentes, donde se eligen candidatos a cargos federales, estatales y municipales, organizar una sola estructura. La responsabilidad de minimizar el voto dividido corresponde a otros actores del proceso que son ajenos a la operación de la movilización.
3. Identificar y registrar a todos los promotores y a sus promovidos en un formato único.
4. Asegurar la capacidad del centro de captura de información, que no sólo captará los resultados, sino que lleva el pulso de la jornada y suministra instrucciones para poner en marcha reacciones ante circunstancias determinadas.
5. Una sola ventanilla financiera. Se trata de asegurar que los recursos de la movilización se ejerzan racional y eficazmente.
6. Se diseña y socializa una sola Estrategia de Movilización.
7. Se asumen en todo momento que durante la campaña electoral se gana el proselitismo y el posicionamiento político, el día “D”, se ganan los votos.

A manera de conclusiones propongo que una campaña exitosa debe reconocer que el proselitismo de los candidatos y el posicionamiento de su oferta programática, incluso su estrategia de Comunicación, corren por uno de los extremos de una misma vía. El otro extremo es la preparación del Día “D”, la cual supone una jornada que se preparó cronométricamente durante el mismo periodo de proselitismo, que tiene una ruta crítica, meticulosa de tiempos y movimientos, que bajó a todo el ejército de promotores a manera de manual de operaciones y expresa de manera puntual lo que, si se debe hacer, lo que debe evitarse y los controles que permiten tomar acciones ante contingencias.

Finalmente, se debe insistir que la diferencia la hace la movilización para una elección competida; la ganas con el perfil y el compromiso del “nuevo” promotor, de ahí la importancia de su selección, capacitación y motivación. Ser realista desde el establecimiento de metas de promoción, hasta de movilización de la casa a la casilla. Es básico el Control de toda la cadena del modelo de promoción del voto.

De la misma manera que en una campaña electoral, la simulación es una derrota anunciada; también ganar el debate y el posicionamiento es la mitad de la victoria, la victoria total será de quien gane la movilización el día “D”.

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