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La pareja del candidato en campaña

Por Vania de Dios

El papel de la pareja de un candidato quedó lejos de ser aquel personaje femenino limitado a sólo salir en la foto, acompañándolo a eventos y reuniones de campaña. Hoy su participación, de manera dirigida y muy cuidada, puede abonar y fortalecer las estrategias de comunicación en busca del triunfo electoral.

Lejos de cualquier estereotipo, existen ciertos tópicos y temas que esta figura femenina puede comunicar de manera más asertiva o también determinados sectores a los que puede acercarse de forma más natural; todo ello, a través de distintas plataformas digitales o personalmente frente a determinadas audiencias.

Tomando en cuenta su perfil, contexto, intereses y nivel de involucramiento que tendrá en la campaña, la participación de las parejas podría sumar 3 mil, 8 mil u 10 mil votos. Votos que podrían ser toda la diferencia entre ganar o perder una elección cuando se trata de una contienda reñida.

Existen importantes ejemplos donde la participación de la pareja ha sido decisiva, con papeles activos y muchas veces protagónicos; claro, siempre atentos para que no se interprete ni que parezca que es ella la candidata. Pensemos en el importante rol que jugó Michel Obama, esposa del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, con impactantes y emotivos discursos, en los que resaltaba a su marido como un amoroso padre de familia y un hombre de valores. Por su perfil, también se le pudo ver constantemente encabezando foros y hablando de desigualdades o defendiendo los derechos de jóvenes y adultos.

En México, tenemos el ejemplo más recientemente. Durante la campaña del actual presidente del país Andrés Manuel López Obrador, su esposa Beatriz Gutiérrez Müller –mujer con doctorado en literatura, escritora, periodista y profesora universitaria– fue una de las piezas clave en la estrategia de comunicación. La señora se reunió con mujeres de diferentes sectores, encabezó mítines, dio entrevistas e, incluso, cantó y grabó varios temas musicales¬ –algunos de su autoría– para incluirlos en la campaña de su marido.

La participación de la pareja en la campaña no es algo nuevo. En un artículo del New York Times, del año 2000, ya se citaba cómo el entonces candidato del PRI, Francisco Labastida, recurrió a su esposa, María Teresa Uriarte de Labastida, para ayudar a infundir calidez y color en su imagen durante el proceso electoral, dándole más juego de manera pública como parte de la estrategia.

La pareja es el personaje femenino más cercano al candidato, y en la campaña la luz de los reflectores del escenario público también están sobre ellas. Por eso, más vale estar preparadas. En algunos casos se trata de mujeres cuyas áreas de desarrollo están lejos de la esfera pública, que se han dedicado a la docencia, al frente de algún negocio o al cuidado del hogar y la importante tarea de la formación de los hijos. O a veces son figuras familiarizadas con la política, que “le entienden” al tema o que, incluso, tienen su propia carrera en el ámbito público.

Su participación varía en cada caso. Algunas deciden mantenerse de muy bajo perfil y apoyando de manera estratégica lejos de los espacios de la vida pública, o hay quienes juegan papeles activos y protagónicos. En cualquiera que sea el escenario, se trata de mujeres que deben tener una planeación, capacitación y acompañamiento especializado que pueda garantizar que su participación sume respaldos, aporte sus propias fortalezas y apoye al candidato, cuidando también que no ocurra alguna crisis.

En el contexto informativo en que vivimos, causa morbo e interés saber más acerca de la vida del político. Más allá de las propuestas, la gente también busca conocer quién es el que se presenta en la boleta electoral, su historia, cómo piensa, cómo vive, qué valores lo mueven, su educación… Saber un poco más del candidato. Y es ahí donde la pareja se convierte también en parte del storytelling. ¿Qué nos va contar sobre él? ¿Qué referencias va a dar del candidato? ¿Cómo es la relación con su pareja?

Su participación y función dentro de la campaña no es ornamental. Se trata de mujeres que también se vuelven referentes, que reflejan valores y principios, y la forma de vida adoptada en común. Por eso es importante que también sea asesorada profesionalmente, que se documente, que recurra a sus fortalezas, que se prepare para hablar en público, a estructurar de manera ordenada sus ideas, que conozca más el espacio en que se desenvuelve la campaña y tenga claro a qué se va enfrentar durante el proceso electoral. Insisto, independientemente de si mantendrá un perfil bajo o colaborará de manera activa.

Recordemos que la tecnología y las redes han hecho que se abra una caja de Pandora: hoy permiten acceder a entornos de las figuras públicas que hasta hace unos años estaban vedados y eran totalmente privados, como lo es la familia. Sin embargo, una campaña trastoca totalmente esa dinámica: el tiempo que se tenía de pareja, con los hijos, de ocio o de convivencia, y la candidatura se convierte en un proyecto de todos en el círculo cercano al candidato.

Pero, ¿qué pasa cuando el candidato no tiene pareja? Todos tienes en su entorno una figura femenina importante, si no es su novia o esposa, puede ser alguna hija, y si no está casado o es soltero seguro tiene una mamá, una hermana o una amiga que le podrá acompañar y participar en la campaña.

Y cuando ella es la candidata, también debe generarse una estrategia, el acompañamiento y asesoramiento de expertos para su pareja. La apuesta, finalmente, es porque ambos obtengan una meta más en sus vidas, que compartan un proyecto en el que los dos ponen lo mejor de sí mismos.

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