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Bolsonaro gana entre la incertidumbre y el miedo de los brasileros

Diversidad de emociones se respiraban en las calles de Brasil después de que se dio a conocer los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidencial en la que salió victorioso el candidato de derecha, Jair Bolsonaro, con un 55,13% de los votos.

El candidato del Partido de Trabajadores (PT), Fernando Haddad, logró el 44,87% de las manifestaciones después de haber tenido índices bajos durante la campaña de la segunda vuelta. No obstante, esto no evito que la misma fuese cruda y que el candidato de izquierda diera la pelea después de haber logrado capitalizar en la recta final un porcentaje de votos importante.

Ahora, cerrando la campaña más polarizada que ha vivido el gigante del sur en su historia democrática, la expectativa crece ante los inminentes cambios que traerá el nuevo mandatario en materia económica, la mayor presencia de militares en cargos políticos y la radicalización ante una izquierda que no ha podido ocultar sus nexos con la corrupción.

Bolsonaro tendrá que enfrentarse a esto, como también a un país completamente divido, tomando en consideración que él fue el candidato con mayor índice de rechazo durante la campaña a pesar de haber tenido el mayor apoyo.

La incertidumbre ante la economía

El nuevo presidente que tomaría posesión el próximo 1ero de enero, no ha otorgado un plan detallado en materia económica, pero no hay duda de que su agenda tiene una tendencia liberal que además está liderada por Pablo Guedes, su futuro ministro de Economía y Hacienda.

La economía es uno de los aspectos que ha ocasionado mayor incertidumbre; porque el presidente entrante se tendrá que enfrentar a un Brasil que tiene una crisis económica que persiste a pesar de haber salido de la recesión, con un índice de desempleo que alcanza el 12% y que ha ido en aumento, y con una extrema pobreza a la que se han adherido al menos un millón y medio de personas.

Bolsonaro se ha mostrado, en conjunto con Guedes, como defensor del estado mínimo y de las privatizaciones para disminuir el tamaño del estado. Sin embargo, el candidato del Partido Social Liberal (PSL) ha chocado con esta tesis al prometer que aumentaría las ayudas sociales para los brasileros con menores oportunidades económicas.

“En su discurso de victoria, Bolsonaro ha señalado que es importante para el tema económico que la reforma de la providencia. Esto es un tema que (el presidente saliente, Michael) Temer intentó trabajar pero no ha conseguido; parece que es una de las principales agendas de Bolsonaro cuando asuma”, infiere Gil Castillo, especialista en Marketing Político.

Por su parte, Guedes ha manifestado que reformaría el sistema tributario que podría afectar la economía de las clases más bajas pero que generaría 10 millones de empleos al recortar los impuestos sobre las nóminas. Este domingo, casualmente expresó que tendrá como prioridad reformar el sistema de pensiones y que buscará acuerdos bilaterales.

No obstante, el mercado ha respondido bien ante la propuesta del futuro mandatario brasilero aunque aún no hay detalles ni definición en el proyecto. De hecho, la bolsa de valores de Sao Paulo mostraba resultados positivos a medida que las encuestas daban a Bolsonaro como ganador durante la campaña.

Militares en el poder, un miedo latente entre los brasileros

A lo largo de la campaña, los brasileros rememoraron inevitablemente las atrocidades vividas en la dictadura de derecha que culminó en el año 1985. Los opositores al proyecto de Bolsonaro intentaron hacer contracampaña alertando sobre la afinidad que este tiene con los hechos acontecidos durante ese fatídico régimen.

Bolsonaro, por su parte, tampoco lo ha ocultado durante su carrera política. Entre los actos más rememorados, está el haber dedicado el voto que hizo en el año 2016 a favor del “impeachment” contra la entonces presidenta, Dilma Rousseff, al coronel Alberto Brilhante Ustra, un hombre que lideró el Doi-Codi.

El Doi Codi es una agencia de seguridad que funcionó desde 1970 a 1974 y realizaba detenciones ilegales y torturas. En la actualidad hay registro de al menos 500 activistas de izquierda que durante la dictadura fueron procesados a través de esto, incluyendo a Rousseff.

Sin embargo, el voto antipetista pudo más que las memorias de un pasado marcado por la dictadura militar y la contra campaña.

Ante esto, se hace inminente que el ascenso de Bolsonaro al poder, marca también el regreso de los militares a los cargos públicos.

Él, siendo excapitán de la Fuerza Armada, nombró como vicepresidente a un general “reformado” y además se pudo notar que “por primera vez en la historia” los militares lograron capitalizar reiterados escaños en la cámara de diputados y en el senado.

“El poder ejecutivo con el vicepresidente, y legislativo con muchos militares que adentraron a la cámara de diputados del Senado, es una relación muy cercana ¿Cómo será esta relación? No sabremos decir pero en su discurso de victoria (Bolsonaro), también ha dejado claro el tema de respeto a Constitución”, pondera la especialista.

Castillo agrega que es necesario ver cómo se va a desenvolver esta dinámica, considerando que “dentro de una Cámara de diputados es necesario ser o tener experiencia política principalmente para negociación” y los militares poseen una formación distinta.

Con respecto a esto, indica que el presidente entrante debe apegarse al discurso que incentive el respeto a la Constitución de Brasil porque “porque mucha gente tiene miedo que la Constitución no sea seguida”.

Asimismo, recalca que las Fuerzas Armadas no son un poder constituido y se debe recordar que “los poderes son el Ejecutivo, Legislativo y Judicial y tienen de cierta manera un peso igualitario dentro de las fuerzas de poder”.

Ante esto, el hijo del candidato ganador, Eduardo Bolsonaro, podría ser una piedra de tranca después de haber dicho recientemente que “para cerrar el Supremo Tribunal Federal (STF) sólo se necesitan un soldado y un cabo”, a lo que el presidente del STF, Jose Antonio Dias Toffoli, respondió que “el futuro presidente debe respetar a las instituciones, a la democracia, al estado de derecho, al Poder Judicial, y al Congreso Nacional”.

El PT no logró capitalizar ni a la oposición

La mejor estrategia que tenía el PT ante esta contienda electoral era hacer un mea culpa y tener un discurso más claro de defensa de estos valores de contra corrupción, establece Castillo, pero esta idea fue defendida únicamente por una parte del partido que estaba de acuerdo con que Haddad fuese el candidato presidencial desde el inicio.

“Este grupo no fue la mayoría y el PT siguió otra estrategia, por supuesto coordinada por el propio Lula”, agrega.

Asimismo, indica que Haddad hizo una campaña en la primera vuelta donde estaba utilizando al expresidente Luiz Inacio Lula Da Silva como bandera y cuando llega a la segunda vuelta debe quitarse esa relación que se impuso al inicio de la campaña para intentar capitalizar el voto moderado de los candidatos de izquierda que se midieron en la primera contienda: Gerardo Alckmin, Ciro Gomes y María Silva.

La especialista infiere que “con esto, el propio PT empieza a tener una dificultad con la cuestión de su propia identidad” y que además el discurso otorgado por Haddad ante la derrota debió tener otra postura porque era un momento decisivo.

“Él simplemente ha hecho un discurso para sus propios miembros, y no para los 45 millones de personas que han votado por Haddad pero que eran de otras vertientes de izquierda, o hasta muchas personas de centro o personas moderadas que han votado por Haddad para no votar en Bolsonaro”, explica Castillo.

Sin embargo, la profesional en Marketing Político asegura que el PT podría posicionarse como una oposición responsable pero debe dejar de posicionarse como una oposición radical porque sino van a perder “el puesto de oposición legítima”.

Finalmente dijo que la tendencia a la radicalización solo hará que el apoyo al partido que gobernó el país en las últimas décadas pierda progresivamente el apoyo y disminuya notablemente sus militantes.

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