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Ahora la estrategia en Brasil debe cambiar

Por: María Corina Roldán

Brasil cerró la tarde de este domingo, la primera etapa de una campaña que ha sido completamente atípica e impredecible en la que se enfrentaron 11 candidatos a la presidencia en medio de una polarización marcada especialmente por la condena que imposibilitó al expresidente Luiz Inacio Lula Da Silva participar y el auge de la derecha después de que apuñalaran a su líder.

Los resultados mostraron que las medias tintas quedaron muy por detrás de Jair Bolsonaro, candidato del Partido Social Liberal (PSL), y Fernando Haddad, aspirante al cargo por parte del Partido de Trabajadores (PT), dejando a la vista una segunda vuelta compleja y de la cual será difícil hacer proyecciones.

De hecho, esta elección, que será realizará el próximo 28 de octubre, sería la primera que se ve en Brasil en la que los dos candidatos poseen los niveles de rechazo más altos para enfrentarse en una definitoria, asegura la especialista en Marketing Político, Gil Castillo. Según la última encuesta de Ibope, Bolsonaro tiene un 42% de rechazo y Haddad un 37%.

Para Castillo, el porcentaje de rechazo hace que sea difícil definir hacia dónde va a ir el voto de aquellos electores que optaron por otras opciones en la primera vuelta: “No sabemos cómo va a comportarse el elector delante de esto”.

Pero esto no es nuevo, los brasileros ya se habían mostrado indecisos en esta primera etapa de la campaña. A un mes de la elección, el 46,1% de los votantes aún no sabían la inclinación de su voto, según datos de la encuestadora Massive Caller. Este número era alarmante, considerando que el histórico de abstención en Brasil es de un 20%.

Según la especialista, este es un fenómeno que se ha visto desde el año 2016 porque “nunca el brasileño se sintió tan mal representado”.

El país suramericano está en una situación crucial por la fuerte recesión económica que están viviendo, el aumento de alarmante de la violencia en la que se han elevado sus tasas de homicidio, la crisis institucional y una migración importante de venezolanos que, además de impactar en la economía y crear focos de xenofobia, ha traído a territorio brasilero enfermedades que ya habían sido erradicadas.

Por esto, Castillo considera que la tendencia se ha intensificado cada día más “con una polarización entre los extremos de derecha y de izquierda, ambos con discursos muy populistas” en un país que cuenta con más de 200 millones de habitantes y más de 147 millones de electores, “cuya mayoría espera por un salvador de la patria”.

No obstante, los sondeos han tenido ciertos errores puntuales que han demostrado a una población que estaba fundida en la espiral del silencio.

Aunque nadie avizoraba la posibilidad de que Bolsonaro lograra estar cerca de ganar la presidencial en primera vuelta, el candidato logró un 46,04% de los votos, a pesar de que las encuestadoras le daban un tope de 35% (Datafolha).

La Constitución de Brasil indica que para ganar en primera vuelta hace falta más del 50% de los votos. A Bolsonaro le faltaron menos de 4 puntos porcentuales para lograr el cargo en esta oportunidad, a pesar de estar ausente en las calles por el reposo médico que requirió ante la puñalada que recibió y las fuertes campañas que se realizaron en su contra.

Para la especialista en Marketing Político, la última semana de la campaña fue crucial para que el candidato de derecha obtuviera ese porcentaje. Castillo comenta que varios electores de centro decidieron dar su voto a Bolsonaro, especialmente los de Ciro Gomes, Geraldo Alckmin y Marina Silva.

No obstante, después de los resultados, Haddad escribió en su cuenta Twitter que habló con los candidatos que no lograron avanzar hacia la segunda vuelta infiriendo una negociación.

“Ya hablé con tres de nuestros competidores. Marina (Silva), Ciro (Gomes) y (Guilherme) Boulos ya nos llamaron. Tengo mucho respeto y consideración por todos”, escribió.

Inclusive, el candidato Guilherme Boulos, que obtuvo el 0,5% de los votos, aseguró que su apoyo iría a Fernando Haddad en la segunda vuelta presidencial.

“Hicimos una campaña de cabeza erguida y sembramos semillas para el futuro (..) Ahora estaremos en las calles para derrotar el fascismo y elegir quién representa la democracia en la segunda vuelta: Fernando Haddad. #Élno”, tuiteó.

Bolsonaro fue apuñalado en el estómago durante un evento realizado en Juiz Fora al inicio de la campaña que lo llevó al hospital, obligándolo a llevar a cabo su campaña sin una presencia física en las calles. Sin embargo, cada día que pasaba, ascendía en las encuestas y a medida que se acercaba la primera vuelta, fue el centro de opinión pública.

Esto provocó una campaña que se hizo viral a través de las redes sociales que intentaba compararlo con el líder de la Alemania Nazi, Adolf Hitler, mediante un hashtag que rezaba #EleNao (en español “#ÉlNo”).

De hecho, este grupo también optó por trascender de lo digital para manifestarse con carteles y canciones en marchas que abarrotaron las calles de Brasil ante comentarios misóginos y homofóbicos que ha dicho Bolsonaro a lo largo de su carrera política.

Otro miedo que hay alrededor de la figura del candidato del PSL es una fijación clara que ha mostrado en enaltecer a la fuerza armada del país, considerando que los militares estaban “extintos” en la política de Brasil después de una cruda dictadura militar que vivió la nación entre 1964 y 1985.

El único exmilitar que ha ejercido la política desde entonces ha sido Bolsonaro como diputado federal por 28 años y en su presidencia quiere darles presencia para enaltecerlos y “darles honor”.

En el otro extremo se encuentra Fernando Haddad, que era reconocido por los reiterados “errores políticos” que había cometido en el pasado en los distintos cargos que tuvo la oportunidad de desempeñar, especialmente como gobernante en Sao Paulo.

Su pasado le costó el apoyo de la “clase trabajadora” que es uno de los fuertes del PT y hasta hace un mes iba de quinto en las encuestas. Sin embargo, comenzó a ascender rápidamente desde que Lula tuvo que “retirar” su candidatura y le otorgó todo el apoyo.

Su campaña apeló a lo emocional para intentar conquistar el voto de aquellos que aún desean a Lula como presidente y que no racionalizan el voto. El exmandatario encabezaba irrevocablemente las encuestas aunque está preso y cumple una condena de 12 años por corrupción y lavado de dinero.

“Brasil es enorme y, en muchos reductos, como el noreste, por ejemplo, que es predominantemente elector de Lula, Haddad es presentado como un ‘ungido’ por el líder”, infirió Castillo.

El PT podría seguir confiando aún que su candidato logre heredar el casi 40% de apoyo que tenía Lula al inicio de la campaña, pero por ahora es impredecible.

De todas formas, Haddad se ha tenido que enfrentar también con unas nuevas revelaciones de la investigación anticorrupción “Lava Jato” que se realizaron durante la campaña. El caso, que lleva cuatro años y que es la razón por la cual Lula se encuentra preso, está completamente relacionado con el PT y otros partidos políticos brasileros.

Pero el candidato del PT prefirió desviar la atención al defenderse de otro tipo de “ataques”. El miércoles antes de la elección Haddad denunció “una campaña sucia” contra él en las redes sociales, a través de WhatsApp, que a su juicio fue impulsada por los partidarios de Bolsonaro:

“Son imágenes y textos muy groseros” dijo en una rueda de prensa a pesar de que no especificó el contenido de las fotos y mensajes.

Si bien este ha sido el contexto en el cual Haddad pudo jugar, el histórico de la campaña, los candidatos, la situación por la que está atravesando Brasil y la polarización muestran una segunda vuelta con características particulares que difieren al escenario que se manejaba en la primera vuelta.

En Brasil ahora debe cambiar toda la estrategia. Castillo expone que Bolsonaro, por su parte, tendrá que tener más exposición en los medios televisivos con especial dedicación en el debate si desea mantener los números.

Los debates electorales tienen mucho impacto en Brasil y Bolsonaro no había podido asistir por el reposo médico. La especialista hace énfasis en que el candidato del PSL ahora tendrá que exponerse y eso podría cambiar el juego: “Tenemos un Brasil muy dividido, muy polarizado, con discursos muy distintos para cada lado”.

Edición de texto: Lic. Ingrid Bravo Balabú.

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