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Mujeres políticas & mujeres consultoras:

Por: Vanessa Sánchez

Los asuntos públicos han sido un campo, por lo general, exclusivo de los hombres; sin embargo, somos muchas las mujeres que compartimos esta vocación política que mueve y apasiona a tantos pero ¿somos suficientes las mujeres que incursionamos en política?.

Parece que las mujeres hemos llegado un poco tarde a esta carrera. A pesar que existen mujeres que han incursionado en política, líderes que ganan espacios de elección, la inclusión, en algunos casos, ha sido por cuotas de asignación por género; así, muchas mujeres llegan a ser candidatas solo por el hecho de ser mujeres y no por méritos propios cuando tenemos mucho más que dar. Sin embargo, si esto no fuera así por ley, ¿se daría la misma oportunidad a muchas mujeres líderes en sus partidos? No tengo la respuesta, pero creo que el cambio de paradigmas no depende de cuotas, al contrario, es una cuestión de competencias mientras se abren las compuertas de una sociedad en donde el hombre lleva la batuta o ha protagonizado en los asuntos políticos. Una ley no garantiza la feminización de la política, pues no es una cuestión de cantidad o porcentajes, es una cuestión de liderazgo. Margaret Thatcher, Angela Merkel, Kolinda Grabar-Kitarovic, Aung San Suu Kyi, Theresa May, Hillary Clinton, Michelle Bachelet, entre otras, han demostrado que las barreras de género pueden romperse sin cuotas. Sin embargo, cuando observamos con lupa nuestra realidad latinoamericana, lo cierto es que solo catorce países tienen leyes de paridad y actualmente en América Latina ninguna mujer es jefa de gobierno –la última fue Bachelet -. Por lo que, desde este ámbito hay mucho por hacer.

Falta otra parte de este rompecabezas, quienes estamos en política, pero detrás de bambalinas: las consultoras. Concibiendo constantemente la estrategia y ejecutándola. Ser mujer y consultora es una combinación extraña, primero porque ser consultor político es mal visto en algunos lugares, segundo por la desgastada reputación de la política y si a esto se añade ser mujer, pues más extraño resulta y estando tras bastidores se nos exige mucho más que a nuestros compañeros hombres; como si el éxito o fracaso dependiera del género.

Somos pocas quienes nos hemos dedicado a esta profesión, aun así nuestro rostro femenino gana más espacios de influencia cada día. La participación de la mujer en la vida pública es histórica, pero no necesariamente reconocida. Casi todas las mujeres en política, en algún momento nos hemos visto obligadas a imitar gestos masculinos para ser respetadas y, lamentablemente temidas, para ser tomadas en serio; sacrificando parte de nuestra feminidad, al dejar a un lado aquello que nos diferencia y así ser útiles pero invisibles, puesto que los méritos se lo siguen llevando los hombres.

Ciertamente, esto viene cambiando, los equipos políticos hoy son mucho más diversos, más abiertos y más sensibles a las ideas que aportamos las mujeres. Si bien he conocido mujeres más rudas que muchos hombres, apasionadas pero no emocionales, lo cierto es que tenemos más que aportar desde nuestra feminidad. No creo que las mujeres seamos mejores que los hombres, ni tan poco que nos deban tener en un pedestal; creo en la capacidad que tenemos como seres humanos, igual que los hombres, para lograr lo que nos proponemos sin sacrificar nuestra naturaleza femenina. Una de las mujeres que admiro en ese sentido es Condoleezza Rice, politóloga y diplomática estadounidense, asesora de Seguridad Nacional del presidente Bush y pionera en la política de Diplomacia Transformativa que tuvo como propósito aumentar el número de gobiernos democráticos responsables en el mundo, especialmente, en Oriente Medio. Ella fue una voz feminizadora de la política desde un puesto clave de gobierno como es el de seguridad.

¿Y qué hay de las mujeres consultoras? Si bien la política en tiempos de campañas es un terreno de guerra donde la estrategia, la disciplina y las tácticas juegan un papel fundamental para ganar, estoy segura que nosotras, las consultoras, tenemos mucho que aportar con nuestro conocimiento especializado, como fue el caso de Kellyanne Elizabeth Conway gerente de campaña, estratega y encuestadora del partido republicano en EE.UUU y jefa de campaña de Donald Trump; además es presidenta y directora ejecutiva de The Polling Company Inc./WomanTrend donde estudia las tendencias de los consumo a menudo relacionadas con las mujeres. Ella tiene el mérito de ser la primera mujer en la historia de los Estados Unidos en liderar con éxito una campaña presidencial. Su trabajo demuestra que las mujeres sabemos ganar, que somos estrategas, rigurosas y que una mujer liderando una campaña puede aportar una forma de trabajo diferente, enfocada en la superación, en la cooperación y en la comunicación permanente con el equipo para transformar e impactar de manera positiva en la percepción del candidato. Su éxito se debió a la estrategia y su capacidad de trabajo, no al género. Su llegada a la campaña presidencial permitió que un candidato tan controversial en sus mensajes bajara el tono de sus discursos y aceptara leer un teleprompter durante sus apariciones en público, incluso llego a ser llamada la “Trump whisperer” o la mujer que le susurra al oído a Trump y su principal labor mediática fue liderar la campaña en busca del voto femenino.

El mayor porcentaje de votantes que participan y definen una elección suelen ser las mujeres. Durante las campañas buscamos conquistar sus votos, pero lamentablemente seguimos usando el paradigma de las amas de casa para conectar con la audiencia femenina. Mi llamado es a que las mujeres en política marquemos diferencias sobre como nos perciben, el mensaje que enviamos y ampliar el horizonte sobre nuestras aspiraciones sociales. Las mujeres hoy en día somos estudiantes, profesionales, empresarias, asesoras, cabezas de familia, no solo amas de casa. Podemos marcar diferencias sobre hacia donde queremos ir como sociedad y cómo somos percibidas.

A nivel comunicacional las mujeres, por lo general, tenemos una sensibilidad mejor desarrollada que los hombres y las campañas se tratan de emoción. Un candidato que no trasmite emoción difícilmente podrá ganar una elección. Uno de los procesos claves en una campaña es la comunicación, con el mensaje que se trasmite y cómo éste se posiciona en el electorado. Las mujeres poseemos una inteligencia emocional y capacidad de escucha altas, que pueden ayudar a inclinar la balanza a la hora de decidir lo que se comunica y el cómo se comunica. Las mujeres podemos brindar un enfoque más femenino que humanice la política, que la llene de valores y que aterrice a los líderes haciéndolos más cercano a los ciudadanos, innovando en la forma de interactuar y en la lectura que damos a las situaciones que se presentan en una campaña. Nosotras podemos influenciar en la comunicación política ya que tenemos una capacidad casi intuitiva para hacer uso de recursos como el storytelling. Podemos ayudar a volver a centrar la política en la personas, en nosotros los seres humanos, en cómo nos relacionamos y lo que aspiramos para tener un futuro seguro. Queremos ver personas, no solo al político. Ciertamente, sin estrategia no se llega a ningún lado y, en eso, también podemos aportar mucho con nuestro cuidado e interés por el detalle y el procedimiento; pero saber manejar las emociones y saber transmitirlas, algo que forma parte de nuestra naturaleza, puede marcar la diferencia al hacer una campaña exitosa que haga vibrar al electorado y que coloque a las personas en el centro del debate.

Si bien es cierto que faltan mujeres en política, nuestra presencia en es cada vez más necesaria, no por cumplir con una cuota sino porque somos parte de una sociedad compuesta por hombres y mujeres, es una cuestión de equidad. Las mujeres tenemos algo que decir y hacer en política para que tengamos una mejor sociedad, para que esta sea más humana. Participar en política bien sea como candidatas, en puestos clave de gobierno, en partidos o como asesoras permite que con nuestra voz se generen cambios positivos para el bienestar de todos. Tenemos que dejar el miedo atrás y empoderarnos porque podemos ser estratégicas, tenemos una gran capacidad de hacer muchas cosas al mismo tiempo y hacerlas bien, de marcar la diferencia y colocar el acento en los detalles, de comunicar asertivamente, de ser rigurosas con los procesos y de la importancia del trabajo en equipo. El éxito en política esta signado por la cantidad de aciertos estratégicos que te lleven a conseguir los objetivos; no depende del género, depende de la capacidad de trabajo y de la implementación correcta de todos estos elementos para garantizar la victoria. ¡Sigamos haciendo las cosas bien y ganando espacios de participación en política!

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