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República Dominicana cuaja un cambio democrático

Por: Nelson A. Marte

Twitter: @NelsonAmarte

Desde que en la noche del 30 de mayo de 1961 un puñado de valientes emboscó y ajustició al tirano Rafael Trujillo, el pueblo dominicano ha vivido en incesante agonía por organizarse como un país democrático, con instituciones que sirvan de base a un régimen de equidad social y convivencia cívica.

A 57 años del tiranicidio los dominicanos han logrado mantener un crecimiento económico positivo que, salvo pocas y breves caídas, se ha mantenido entre un 5 y un 6% del Producto Bruto Interno (PIB), por encima del promedio de la subregión en que se ubica, Centroamérica y el Caribe.

Pero ese sostenido crecimiento económico no se ha traducido en significativos niveles de desarrollo  y equidad social, ni contribuido a afianzar las instituciones que definen a un estado democrático moderno, debido sobre todo a la ambición y la falta de miras de una clase política que, hoy por hoy, es el grupo más descreditado, indican todas las encuestas.

A la inestabilidad política posterior a la muerte de Trujillo, que incluyó la instalación de varios gobiernos en menos de dos años, el derrocamiento del ensayo democrático del presidente  Juan Bosch en 1963, que tuvo como consecuencia una guerra civil y la segunda intervención de tropas militares norteamericanas en 1965, le siguió la “dictadura ilustrada” (1966-1978), de Joaquín Balaguer autodefinido como “un cortesano de la Era de Trujillo”.

En 1996 Leonel Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana, llega al gobierno de las manos de Balaguer y retoma el poder tras el gobierno de Hipólito Mejía, 2000-2004, del Partido Revolucionario Dominicano, y hasta el día de hoy se han sucedido en el poder Leonel Fernández 2004-2012, y el actual presidente Danilo Medina desde 2012 hasta la actualidad. Medina reformó la Constitución para volver a repostularse e imponer su reelección con el amplio margen de un 62%, en unas elecciones que el reconocido especialista en materia electoral Daniel Zovatto calificó como “un retroceso”, porque no se establecieron las normas y condiciones de legitimidad, equidad y transparencia que deben pautar un certamen electoral democrático.

La permanencia de 20 años de gestiones gubernamentales casi ininterrumpidas del PLD, fundado por el civilista Juan Bosch, han conducido al país a tales niveles de deterioro económico, social, ético e institucional que se encuentra abocado  a una especie de cul-de-sac.

El modelo de gobierno del PLD se ha caracterizado por desarticular y hacer disfuncionales los poderes del Estado, incluyendo la sumisión total del Congreso Nacional, la Justicia, la Cámara de Cuentas, la Junta Central y el Tribunal Superior Electoral, e incluso la mayoría de los medios de comunicación.

En vez de encaminar su ya larga gestión por la reforma y modernización del disfuncional Estado, los gobiernos del PLD lo han hipertrofiado y convertido en una maquinaria política clientelar parasitaria de los sectores productivos, apropiando grandes recursos del Estado en favor de sus planes partidarios, sin importarles que se traduzcan en grandes déficits públicos y una galopante e insostenible deuda pública.  

La primera expresión de ese criterio se reflejó en la campaña a la reelección del presidente Fernández a las elecciones de 2008, que generó un déficit público superior a los 54 mil millones de pesos, mientras que el año anterior las finanzas públicas tuvieron un superávit de casi  4 mil millones de pesos.

Otro pico del gasto público en las campañas se produjo en 2012, cuando para instalar en la presidencia a Medina el balance negativo de las finanzas públicas subió a 159 mil millones de pesos, según datos del Banco Central, el más alto déficit público jamás registrado.       

En una reciente visita al país una Comisión del FMI hizo serias advertencias sobre el futuro inmediato. Tras conocerse su informe final, la fundación independiente Centro de Estrategias Económicas Sostenibles planteó que la deuda pública rebasó en marzo los 42 mil millones de dólares y el 55% del PIB, alcanzando un crecimiento de 843% en menos de dos décadas.

De su parte, el reconocido economista Miguel Ceara, comentó que “El FMI proyecta que el balance deficitario del Gobierno Central que viene desde del 2008 termina en 2017 con un nivel de -3.2% del PIB, para 2018 se proyecta -2.8% y para los próximos años se proyectan cifras negativas que alcanzarán el -3.6% del PIB en 2023”.

“El Estado no está generando suficientes recursos para pagar los intereses de la deuda total consolidada y se encamina a un estado de insolvencia”, advierte utilizando cifras del FMI para alertar sobre la situación de vulnerabilidad a que las políticas económicas del gobierno han conducido al país.

La debacle del manejo económico es resultado de la determinación del PLD de mantenerse en el poder incrementando la nómina pública gastando anualmente miles de millones de pesos en nóminas de políticos que no trabajan, usando el gasto del asistencialismo de Estado para fomentar su clientela política y pagar una descomunal campaña de propaganda y publicidad que mediatiza a los medios, valga la redundancia, y manipular las mentes de los ciudadanos.

En 2015, el año previo a la reelección de Medina, un monitoreo de Participación Ciudadana sobre gasto publicitario en la campaña, estableció que el gobierno lo  incrementó en 37%, al pasar de RD$2,679 millones en 2014 a RD$3,677 millones, con lo cual destina a ese renglón más de 10 millones de pesos por día.

El PLD también malgastado incontables en aplicar a su competencia política la conseja maquiavélica “Divide y vencerás”. Cuando el partido liderado por Bosch surge en el escenario político en 1973 las organizaciones predominantes eran el Reformista, del expresidente Balaguer, y el Revolucionario Dominicano, entonces dirigido por Peña Gómez. Hoy aquellas grandes formaciones de masas apenas cuentan con un 4 o 5 por ciento de caudal electoral, debido a la labor de división, acoso y derribo ejecutada por el PLD.

Del PRD emergió el Partido Revolucionario Moderno, primera organización en atender al llamado de la sociedad a una renovación del sistema político que lo reconecte con las aspiraciones de una sociedad democrática y moderna.

El control que ha tenido el PLD sobre la sociedad dominicana han convertido sus gobiernos en una especie de dictadura light, o “perfecta”, como caracterizó Mario Vargas Llosa al reinado del PRI, en México, aludiendo a que en vez de la represión y los asesinatos políticos se usa el control de las instituciones a través del poder estatal.

Para hacer pasar la reforma constitucional que legalizó su repostulación a las elecciones de 2016, el presidente Medina usó el poder del Estado para reelegir también, sin que fueran nominados en asambleas de sus partidos, a todos los legisladores del PLD y a los de su aliado PRD.

Esa maniobra fue tan escandalosa, que en su libro “Relatos de la vida de un desmemoriado”, el actual ministro de Energía y Minas del gobierno de Medina, Antonio Isa Conde, escribe que “Ese acuerdo me entristeció, no es lo que la democracia requiere, pues sencillamente resulta mercantilista, una operación de venta de votos contaminante del proceso que he defendido”.

Más lo mucho Dios lo ve, según sentencia religiosa a que apelan los dominicanos ante los abusos de los poderes terrenales. Si bien el PLD impuso su reelección el 16 de agosto de 2016, y hasta ese momento la gestión del gobierno del presidente Medina gozó de una altísima aprobación, ya a final de año inició una caída que no se ha detenido.

Además de figurar por vez primera como el partido político con el más alto un rechazo, Gallup-Hoy de marzo mostró el alto nivel cansancio de la población con el gobierno del PLD, pues también halló que un 78.3%, considera que en el país las cosas van por mal camino, un 73% de los ciudadanos estima que, al término de la gestión gubernamental de Medina, la situación económica de las familias dominicanas estará peor o igual; y solo un 17.7% estima que estará mejor.

Para un el 68% de la población el país está estancado o en decadencia, lo cual coincide con otros estudios según los cuales un alto porcentaje de la población afirma que ha soñado con emigrar de su país, dato que sobrepasa el 60% en la población joven.

Para dejar en claro su rechazo a la continuidad del modelo de gobierno del PLD la encuesta Gallup-Hoy encontró que hasta el 66.9% de la población desaprueba que el presidente Danilo Medina modifique por segunda vez la Constitución para propiciar una nueva reelección presidencial.

Juan Bolívar Díaz, Premio Nacional de Periodismo y director del noticiario Uno + Uno, ha enfatizado recientemente cómo el desgaste del gobierno del PLD abre la oportunidad de un cambio en las elecciones de mayo 2020.

En un reciente análisis asocia la caída de la aprobación al gobierno con el incremento de la insatisfacción ciudadana por la falta de soluciones a la corrupción e impunidad, la inseguridad ciudadana, el desproporcionado endeudamiento del Estado, el escaso empleo y de baja calidad y la precariedad de los servicios básicos.   

Un factor en el saldo negativo para la marca PLD es el largo y al parecer ahora definitivo enfrentamiento entre el presidente Danilo Medina y el expresidente Leonel Fernández, las dos cabezas del partido.

Están equivocados quienes creen que los enfrentamientos se reducen a la escogencia de la candidatura presidencial para las elecciones de 2020, entre Medina, si pudiera repostularse,  o si apoyara a un delfín, y Fernández u otro de su grupo.

Más que la candidatura presidencial de 2020 se levanta como un muro que hace infranqueable cualquier acuerdo efectivo, la lucha por la herencia de quién se queda en control tras la batalla final de un largo enfrentamiento que dio inicio en 2007, cuando Medina acusó a Fernández de arrebatarle la nominación presidencial abusando de los recursos del Estado.

En la alternativa a ese controversial panorama figura Luis Abinader, quien compitiera tan desventajosamente con Medina en las elecciones de 2016, y que hoy encabeza la preferencia presidencial de todos los partidos y corre prácticamente sin competencia en la carrera interna del PRM.

Tan temprano como el 19 de noviembre de 2017, Abinader proclamó que al país le llegó la hora de “articular una gran alianza para ganar las próximas elecciones e instaurar un gobierno que administre el país en función de grandes metas y objetivos nacionales”.

Exhortó a “unir a las fuerzas, sectores y personalidades dispuestas a que el país corrija el mal derrotero que lleva, caracterizado por la mala calidad del gasto público, endeudamiento excesivo, caída de la competitividad, desempleo, poder adquisitivo real frisado desde los años 90s, frente al alto costo de la vida”.

Hoy, en la acción unitaria de la mayoría de los partidos de oposición en apoyo a las reformas políticas y electorales que aseguren elecciones justas y transparentes a partir de 2020, y la insistencia en un programa mínimo que los unifique para sustituir al desgastado modelo de gobierno del PLD, están dadas las condiciones para que cuaje un cambio que encarrile a República Dominicana por una democracia efectiva y un régimen de equidad e inclusión social.

Nelson Marte es un periodista de talleres. Inició como corrector de pruebas en el periódico El Sol, siendo luego Jefe de Diagramación.  Fue cofundador de El Nuevo Diario. Fue Director General del ente radiotelevisivo estatal dominicano y asesor de Comunicaciones de la vicepresidenta de la República y Secretaria de Educación, Milagros Ortiz Bosch. En la actualidad mantiene una columna semanal que se publica simultáneamente en los periódicos El Caribe y acento.com.     Es miembro del Colegio Dominicano de Periodistas.

El equipo de Acción Política es el responsable de las actualizaciones de información de actualidad del portal

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