home Actualidad política Confrontación ideológica, fondo y forma que cambiaron la forma de hacer política en Colombia

Confrontación ideológica, fondo y forma que cambiaron la forma de hacer política en Colombia

Por: Nury Astrid Gómez Serna

Twitter: @nuevagemela @MaximoImpacto

Todas las elecciones colombianas del siglo XXI una expresión ha sido constante: “estas son elecciones atípicas”. Curiosamente la contienda presidencial 2018, tan atípica, es lo que se espera típicamente de una democracia. Posiciones ideológicas confrontadas, plaza pública masiva, plaza pública digital, exceso de debates en primera vuelta, alianzas en segunda, sobre exposición mediática, conversaciones cotidianas entorno a lo político, diálogo y discusión, muchas emociones en seguidores y foco en propuestas, equipos políticos y desmitificación de imaginarios nunca lo tuvimos, libre, en la historia democrática en Colombia.

Primera oportunidad de conocernos en una batalla electoral sin los miedos impuestos por un agente de poder en la sombra cuya presencia determinó quién y cómo serían los gobiernos en los recientes 40 años. Gracias a los acuerdos de paz firmados entre Juan Manuel Santos y las FARC en el 2016, la Registraduría Nacional y a la Misión de Observación Electoral –MOE-, reportaron tranquilidad en todo el territorio nacional y las condiciones denunciadas sobre fraudes, compra y venta de votos, coerción al elector y propaganda indebida, son esperadas como presuntos delitos electorales. No hubo hechos que alteraran el orden público ni la tranquilidad en puestos de votación. Es un logro de un gobierno altamente impopular, con una oposición en pie de lucha, que le apostó a un único objetivo con la firma de paz y estos son frutos reales. Los tres eventos electorales del año 2018, regresa la democracia a Colombia.

Sin enemigo común, la contienda electoral fija dos posiciones ideológicamente opuestas, confronta dos líderes conocidos y trayectoria demostrable y formaliza el debate público para captar opinión y votantes informados. Estas son las nuevas lecciones electorales nos dejan la segunda vuelta:

Dos propuestas, dos candidatos, dos talantes, un solo objetivo

Dos propuestas tan parecidas en forma y tan diferentes en fondo. Encuentro mayores coincidencias que diferencias en los planes duquista y petrista: educación pública, lucha contra la corrupción, empleo, fomento de la cultura, salud, protección y oportunidades para los menos favorecidos, entre otros. Es la primera vez se piden debates desde todos los espacios y se conoce a profundidad lo humano y lo divino de ambos. Pero lo único común a otros procesos electorales, es que el voto se sigue pidiendo en contra y no a favor. Se vota más por miedo y odio a Uribe o por más miedo a Maduro.

Y como si fuera una victoria de la revolución social colombiana, es la primera vez que un grupo de izquierda llega a segunda vuelta y tiene una votación de más de 8 millones de votos que erige una nueva izquierda joven y voz en el próximo  gobierno. Un Gustavo Petro con más habilidades comunicativas que técnicas convenció un número importante de jóvenes (fue su principal grupo elector) de apostar por un cambio, por un ideal de país donde el Estado se robustece y extiende su poder. Una campaña perfecta, donde el hombre se convierte en mito, tiene la oportunidad de ejercer real oposición e imponer agenda legislativa y mediática por cuatro años, cambiar el mapa político regional en el 2019 y establecer las bases para la transformación de partidos y movimientos políticos.

Al lado opuesto, más que el miedo a ser una segunda Venezuela, pudo la tradición y la marca Uribe Vélez que tiene la capacidad de conmover, convencer y movilizar ciudadanía de todo estrato y sector. Tres perfiles de  Iván Duque Márquez con solo 41 años de edad, entra al grupo de mandatarios jóvenes mundiales, convencieron: el primero, un candidato entrenado en responder con contundencia los temas álgidos de seguridad, paz, justicia, reformas, leyes, familia… acorde a las posiciones más conservadoras; un segundo Duque, jovial, conversador, que gusta del fútbol, el vallenato, el baile; que habla de economía naranja e inspira a los jóvenes (emprendedores independientes que no han pedido nunca ayuda al gobierno para hacer empresa) y un tercer perfil, de familia tradicional que simboliza tanto para católicos como cristianos la perfecta unión y el deber de una familia tradicional.

Solo diez minutos bastaron para definir tendencia electoral dando como ganador a Iván Duque del Centro Democrático con una amplia victoria sobre su contrincante Gustavo Petro. La rapidez de la Registraduría mostró una amplitud de casi 12% y más de 10 millones de votos, se convierte en el 60º presidente con mayor votación, con victoria amplia en 24 departamentos.

La comunicación política como eje de las campañas:

-Las emociones políticas predominaron decisión e implantación del voto.  No fue el mismo miedo de 12, 8 o 4 años atrás. Fue un miedo diferente y ambas campañas despertaron emociones primaria con argumentos diferentes. Por un lado, el miedo por ser Venezuela, limitar la propiedad privada, expropiación de tierras, quitar las pensiones, un número de afirmaciones distribuidas como exageraciones, “fake news”, a través de redes sociales definieron imaginario político.

-Disciplina de mensaje para masas estratégica en ambas campañas. A Duque le sirvió en primera vuelta, a Petro en la segunda. Marcos de percepción generalista, reduccionista, valorativos y calificación, constituyen “argumentos” de traducción para diferentes públicos. La distribución traducida del mensaje quedó en letras, palabras, discurso de quienes presumen “superioridad moral”. Por la campaña petrista llama la atención la forma que enmarca y diferencia aliados y contradictores: “ellos, nosotros”, “los corruptos, el pueblo”, reduce a dos opciones confrontadas y contradictorias, lexicaliza y modela la intención de calificar y descalificar. Se podría decir que ideológicamente tiene un sentido progresista por los temas y enfoque, pero una forma conservadora en la creación de “marcos de interpretación”: generalista, simple y sin posibilidad de duda.

Si algo fue coherente en la campaña uribista es la ideología. Un marco conservador, anhelante de un “papá autoritario”, que recompense al hijo trabajador en una familia tradicional, justiciera, que encuentre y haga pagar “culpables”. Defensor de libertad económica, propiedad privada creciente y el emprendimiento. Resalta la “disciplina de mensaje” con la ideología conservadora en las filas del partido que asumen vocabulario, lenguaje y tono en todas las publicaciones, tanto desde la oficialidad como desde los seguidores.

-Redes sociales para informar y difamar. Incremento exponencial de seguidores, interacciones y conversaciones fueron fruto de posicionar imagen y emociones. Esta  no fue la campaña de las cuentas de los candidatos en sí, con millones de seguidores. Fue la contienda de extensión de la plaza pública, del cara a cara temporal, a la continuidad de la discusión por otros medios atemporales: los digitales. Amparados en el “anonimato” invisible, afloraron reacciones instintivas en tantos ciudadanos, semejantes a explosivas respuestas adolescente. Y es que, tan inmaduro como estamos en comportamiento democrático, apenas llegamos a una edad donde determinar la individualidad ideológica política, luego de una larga infancia dependiente de una sola opción. Nadie está a salvo de gritos, tonos iracundos, “memes” ridiculizados, epístolas argumentativas en twitter, Facebook, TV, radio y todo espacio aprovechable. Entendemos la pasión y el deseo de cambio, pero nos comportamos como “barras bravas” fanáticas.

Las redes sociales cobraron relevancia máxima en segunda vuelta a partir de presionar por un intercambio dialógico entre los candidatos a través del debate que nunca se dio. Magnificaron los mitos de Uribe y Petro. Distribuyeron mensaje traduciéndolo a públicos reales y “polarizaron” la discusión nacional.

– Campañas más profesionales en comunicación política: movilización de públicos, conexión de audiencias y técnicas de monitoreo llegan por fin a considerar la opinión pública en Colombia. Fue más importante el “voto de opinión” e independiente que la llamada maquinaria clientelista y lo dejan como el protagonista en ambas campañas.  Magnífico lo hecho por el grupo petrista, tomaron un buen candidato y lo convierten en un mito. Profesional y perfecto el marketing político realizado con Duque que lo posiciona en meses como un “producto deseable”. Ahora bien, si las campañas apelaron a la creatividad, todos los aplausos se los lleva, en hacer algo innovador, los medios de comunicación. Se reconoce la capacidad pedagógica y de formación electoral de medios nacionales para difundir información, permitir comparación de programas, evaluar emociones y promover toma de decisión electoral consciente. Así tan valioso como los 37 ejercicios de debate público (en primera vuelta) con el gran compromiso para acercar la política a la ciudadanía.

Quizá el aumento en la participación de votantes es el hecho democrático más significativo luego de los acuerdos de paz, con 19.5 millones de participantes, de 36 millones posibles, es un incremento importante y tranquilizante para la democracia.

Una contienda emocional, libertad de expresión desmedida, redes sociales incendiadas y el retorno de la plaza pública, deja dos candidatos ganadores tan diferentes en forma como fondo; enfrentan dos ideologías contrarias y dos caras ciudadanas que hasta hoy no conocíamos. Abstención menor al 50% llena de esperanza para incrementar la participación ciudadana promoviendo diálogo moderado desprovisto de apasionamientos y que contribuya con la transformación cultural de un ciudadano político cívico responsable antes, durante y después de las urnas. Es la hora para profesionalizar el ejercicio político.  Es una oportunidad de oro para la comunicación política, sus defensores y para quienes estamos convencidos en profesionalizar la política y sus prácticas en el acercamiento de los gobernantes con los ciudadanos. Es el momento adecuado para que posibles candidatos reflexionen y aprendan que ya no basta contar cabezas y base de datos de “líderes” que asumen la participación ciudadana como propia y “loteada” para “venderse” al mejor postor. Es el momento de la innovación y cambiar las prácticas políticas tanto en su marketing como en estrategias para conectar audiencias.

Politóloga UNAL

Especialista en Comunicación Política EAFIT

Máster Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política UCJC

CEO Máximo Impacto Consultores

 

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