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Las noticias falsas en el contexto de las campañas electorales y la comunicación de gobierno

Amaury Mogollón

 

El sociólogo español Manuel Catells dijo que “Internet es mucho más que una tecnología. Es un medio de comunicación, de interacción y de organización social”. Para atender a tan poderosa afirmación, tendrían que dedicarse miles de páginas, muchas de ellas con orientaciones sociológicas y antropológicas que darían pie a una comprensión más atinada del impacto que internet ha generado en nuestra era. Sin embargo, la he usado como abreboca del artículo que a continuación podrán leer.

Se trata, sin más dilaciones, de las noticas falsas en contextos de campañas electorales y en las comunicaciones de gobierno. Pero ¿A qué me refiero con noticias falsas? Hablo de una de las empresas más lucrativas de nuestros tiempos. La llegada de internet y de las redes sociales han hecho posible el advenimiento de nuevas formas comunicacionales, más rápidas y más democratizadas, de la mano de portales digitales que, en busca de tráfico y ganancias por publicidad, publican “noticias” relacionadas con el acontecer político con mucha rapidez y sin la imprescindible verificación que el periodismo ético pregona.

Se llama noticias falsas a todas aquellas que tergiversan lo que ha ocurrido, cambian los hechos de forma deliberada para que una masa de usuarios, en el mundo 2.0, “las digieran”, las hagan virales y generar un impacto en la opinión pública, sin importar el impacto que puedan causar. Como ven, los hechos no importan, algo muy relacionado con otro término: el de la posverdad que a su vez, está relacionado con la lapidaria frase de Castell; es decir, la construcción de organización social, pero a la inversa: una masa de ciudadanos acríticos que consumen “noticias” ignorando su veracidad, y además ignorando el impacto que éstas puedan tener en distintos ámbitos de la vida.

Mucho se ha discutido del impacto que las llamadas fake news generan en las sociedades. Uno de ellos, también ampliamente discutido, es la difusión de noticias falsas cuando un país se encuentra en un contexto de campaña electoral. Los ejemplos son numerosos en el mundo occidental, se dice que la campaña electoral para la salida del Reino Unido de la Unión Europea, denominada Brexit, estuvo minada de noticias falsas, que coadyuvaron al triunfo del sí con casi 52% de los votos. Por otro lado, la elección presidencial de Estados Unidos de 2016, en la que resultó ganador, el magnate Donald Trump estuvo contaminada por la adquisición de empresas que se dedicaron exclusivamente a replicar en redes sociales, especialmente Facebook y Twitter, contenidos noticiosos sin los estándares mínimos de veracidad periodística, pero con la usanza estética de éste para mayor consumo de usuarios. Los estudiosos coinciden en que la viralización de dichas noticias pudo incidir en el resultado electoral que le permitió al millonario norteamericano, ocupar el despacho oval.

En Latinoamérica, la realidad es muy similar. Países como Colombia y México que se encuentran en procesos electorales en 2018, también han experimentado el fenómeno. En el siguiente fragmento, extráido del periódico El Tiempo, el consultor político Mariano Morales, explica lo siguiente: sobre quién o quiénes están detrás de noticias falsas en Colombia; “A veces son staffs contratados con ese fin o publicistas que recurren a estrategias de viralización de contenidos sin tener en cuenta la veracidad, la verificabilidad o la certeza de los contenidos. Las ‘fake news’ en campañas presidenciales también están asociadas a lo que se llama posverdad, es decir, a los contenidos que tienen que ver con las creencias, emociones y prejuicios que normalmente son distintos de lo ‘políticamente correcto’. Finalmente están aquellas personas que generan propaganda negra, que ataca a otras vertientes y que busca exaltar la imagen del propio candidato”, explica.

Asumirlo, implica que equipos de campaña, candidatos presidenciales y estructuras comunicacionales suelen utilizar noticias falsas con finalidad de ganar votos, restar votos al contrario y promover matrices de opinión favorables a sus candidaturas…es decir, una táctica electoralista a la que estarían dispuestos muchos candidatos.

Sin embargo, es perentorio reconocer que son un fenómeno mundial. Hacerlo, implica elaborar esfuerzos para contrarrestar su avance, aunque difícil parece ser suprimirlas, contrarrestarlas es vital, no tanto por lo que implique una campaña electoral, ni determinada acción gubernamental, sino por las implicaciones que de ellas puedan derivarse: la generación de una masa acrítica de personas que consumen noticias de dudosa ética y las propaga, haciendo de la imbecilidad una bandera. Estaríamos ante la denominación que uso Giovanni Sartori hacia finales de siglo pasado, “El homo videns”, es decir, aquella sociedad compuesta por personas que leen cada vez menos, que compran menos el periódico, y que, salvando las distancias temporales, ahora en pleno siglo XXI, usan las redes sociales indiscriminadamente.

Para ello hay antídotos. No todo está perdido pues, aunque dichas noticias se propaguen rápidamente, distintos gobiernos de Europa ya están tomando medidas para fortalecer su seguridad nacional respecto al fenómeno. Angela Merkel, Theresa May, Emmanuel Macron y Mariano Rajoy son algunos de los ejemplos de lucha contra las fake news, a través de iniciativas gubernamentales y legislativas para frenar el avance de la posverdad y noticias falsas. Hasta el Papa Francisco ha mencionado el fenómeno, comparando las noticias falsas con el génesis y la “táctica de la serpiente” para envenenar a Eva en el principio de los tiempos. Sin embargo, las iniciativas de controles gubernamentales pueden ser del todo insuficientes. El creador de Facebook, Mark Zuckerberg, habló de la necesidad de hacer una estructura mejor en la red social para evitar la propagación de dichas noticias.

Aún así, también lucen insuficientes dichas medidas, pues la raíz del asunto estriba fundamentalmente en la ciudadanía, en procesos sociales que toman mayor tiempo que medidas gubernamentales y empresariales para evitarlas. Considero, que frenarlas tiene que ver con educación de la ciudadanía, proceso largo y duradero, pero probablemente el más efectivo. Evitar el homo videns de Sartori, probablemente sea una de las tareas más interesantes y titánicas a las que la humanidad tenga que enfrentarse.

Profesor de periodismo digital en la Universidad Católica Andrés Bello

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