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La epidemia de la manipulación política y las noticias falsas: niebla y distorsión de la verdad

Oswaldo Ramírez C.

Es director de ORC Consultores, firma de consultoría especializada en estrategia, riesgo político, inteligencia de entorno y campañas electorales. Es consultor senior asociado en De Vengoechea & AssociatesDVA–. Ha sido asesor de líderes y candidatos en ámbitos presidenciales, regionales y locales en Venezuela, México y República Dominicana. Es asesor de organizaciones públicas y privadas en materia de estrategia y riesgo político para Venezuela y Latinoamérica.

Twitter: @oswram

 

2016 y 2017 serán recordados como los años en los que las noticias falsas, la desinformación y la manipulación política se apoderaron de parte importante de las estrategias en campañas electorales, especialmente tratando de dominar el espacio público de las redes sociales, o redes de autocomunicación de masas –como las llama Manuel Castells-.

 

La afectación de los resultados electorales en varias partes del mundo –en donde naciones han entrado en un modo de guerra cibernética para influir y persuadir a la población con mensajes a favor o en contra de candidatos o posturas de política pública- así como la incapacidad de los ciudadanos de verificar lo que comparten en redes sociales o a través de mensajería de texto, ha llevado a compañías como Facebook y Twitter a cambiar algoritmos y tratar de volver a sus orígenes y ha producido que desde los más altos niveles se creen grupos de tarea especializados en detectar la influencia de naciones extranjeras en las campañas.

 

Pero también ha llevado a consultores a tratar de dominar este espacio de manera negativa, generando distorsiones importantes en la imagen de políticos y líderes que no terminan de entender que las elecciones no se ganan en internet.

 

Recientemente The New York Times, en una investigación titulada: “The Follower Factory” o La fábrica de seguidores -http://nyti.ms/2DPo054- refería la práctica de comprar perfiles falsos a compañías para aumentar el número de seguidores, en una especie de carrera para inflar el ego de los dueños de la cuenta,  mover los temas claves para tratar de influir en la construcción de la opinión pública, o simplemente activar bots para tener una presencia constante en redes.

 

Una de estas compañías “vendedoras de perfiles” es Devumi. La investigación del NYT, indicó que entre los clientes políticos y de gobierno tenían a Lenín Moreno, actual presidente de Ecuador, a quien uno de sus asesores compró decenas de miles de seguidores y retweets para su campaña electoral en 2017. Otro caso emblemático fue el de la agencia estatal de noticias Xinhua, que pagó a Devumi por cientos de miles de seguidores y retweets para esparcir contenido y propaganda en esta red social.

 

Internet posee 385 millones de usuarios en América Latina, de ellos 275 millones están en Facebook y 90 millones en twitter, siendo estas las principales redes de uso y consumo de noticias e información política. Para muchos, inflar seguidores o tratar de torcer la realidad mediante espejismos de noticias falsas puede ser un atractivo. Pero hagamos un alto: la credibilidad de quien comparte la información pasa a ser determinante, y aquí otras redes o aplicaciones de mensajería cobran mayor importancia, como es el caso de Whatsapp, comprada en 2014 por Facebook y con más de 1.500 millones de usuarios en el mundo. La transmisión de mensajes políticos por esta vía cobra relevancia y ahí por ahora no puedes comprar publicidad apelando exclusivamente al poder de la viralización de mensajes, pero también de las noticias falsas.

 

Y justamente en esa viralización de mensajes cobran fuerza redes como Instagram, Snapchat y recientemente la capacidad de los stories o videos cortos, que no necesariamente pasan por filtros verificadores.

 

El estudio más reciente de Tendencias Digitales denominado “Usos de Internet en Latinoamérica” indicaba que más usuarios ven videos actualmente, de hecho se ubican de quinto lugar en el top ten de usos de internet, con un crecimiento superior a 50%. Hay muchos más videos en tiempo real (crecimiento en 2015 y 2016 superó 100%, mientras que en 2017 alcanzó 33%); y más de estos videos son vistos desde dispositivos móviles.

 

Los smartphones son el dispositivo preferido para conectarse a medios sociales (70%) y un 28% los prefiere para ver videos en tiempo real: Periscope, Instagram stories, Snapchat, Facebook Live –que hoy genera 6 veces más engagement que el video normal–, quienes están experimentando además con Watch Parties, estados del WhatsApp entre otros. Y aquí no está medido el impacto de los videos compartidos a través de aplicaciones con WhatsApp, quienes acaban de lanzar WhatsApp Business App en algunos mercados para mejorar las interacciones de emprendedores con sus mercados, app que no tardará en ser colonizada por la política y las noticias, así como el desarrollo incipiente de WhatsApp ads, que llevará publicidad por esta red comunicación interpersonal.

 

Justamente en este punto, bajar la guardia para recibir o reenviar una noticia falsa, o ser víctima y victimario a la vez de los procesos de manipulación política, por desinformación o por confianza excesiva en la fuente que nos envió el mensaje, conllevan a que estas herramientas, o dejarse llevar por el número de seguidores que tiene determinada cuenta, o el número de retweets o likes que tiene determinado post, terminan nublando la visión, distorsionando la realidad política o social sobre las cosas. Es parte de la nueva agenda setting en el espacio público digital.

 

¿Están los consultores de comunicación política forzando la barra para impactar las noticias, el espacio público o incluso generar falsas percepciones sobre sus clientes? ¿Son parte de los que han contribuido a ese creciente mundo de las noticias falsas, para manipular, persuadir y obtener ganancias, traducidas en voto, apoyo político o eventualmente cambios de regímenes en el mundo? ¿Son suficientes los esfuerzos de Facebook y Twitter para mejorar sus plataformas y evitar el esparcimiento de noticias falsas?

 

Ya hay cambios para los compradores de pauta política en Facebook. Esta red social ha cambiado los algoritmos para los que publican colocando realmente el contenido de fuentes confiables de primero, y luego de la influencia rusa, demostrada en investigaciones realizadas por el Congreso norteamericano, serán más cuidadosos en revisar el contenido de la propaganda paga, y por si fuera poco, los costos de los avisos se incrementarán en los próximos meses, por lo que aumentarán significativamente los costos, porque investigar para tener targets óptimos y no desperdiciar el dinero de la campaña se hará cada vez más importante.

 

En medio de esta niebla, la política para el bien común debe ser el faro real. ¿Eres distorsionador?, o ¿eres faro? ¿Hasta dónde estás dispuesto a torcer la verdad para ganar campañas, ganar seguidores para tu candidato o causa? Los tiempos de la buena ética en la consultoría política deben llegar para permanecer y colocar un grano más en el inmenso mar de cambios que la gente aspira en estos tiempos turbulentos de populismo, terrorismo y líderes que no dan la talla a sus ciudadanos.