home Entrevistas «Antes de que veamos alguna mejoría esto empeorará mucho más»

«Antes de que veamos alguna mejoría esto empeorará mucho más»

Usted maneja la investigación Venebarómetro como forma de conocer científicamente lo que la opinión pública está pensando y sintiendo del acontecer nacional. ¿Qué ha encontrado Venebarómetro

sobre la convocatoria a elecciones del 20 de mayo?

 

Nuestro último estudio, que ya tiene algunas semanas de realizado, reveló algo muy lógico: la elección no despierta la emoción ni la movilización que eventos de este tipo suelen provocar en Venezuela. Por lo general, cuando se acerca una elección presidencial en nuestro país, la disposición a participar en esos comicios suele oscilar entre el 70 u 80 por cierto y con ello, me estoy refiriendo a personas que declaran “seguramente irán a votar”. La elección presidencial en Venezuela (y por lo general en todos los países presidencialistas) es como la final de la Copa de Mundo de fútbol de la FIFA: acapara el máximo interés y genera las más hondas pasiones políticas. En 2018, este no es el caso.

 

¿Cuáles son los indicadores? Para mediados de febrero, solo un 46% de los electores encuestados manifestó estar muy seguro de ir a votar. Algo poco alentador. Es un número incluso más bajo que el de la elección presidencial menos concurrida en Venezuela que es la del año 2000 (en ese entonces, la participación se ubicó en el 57%). La explicación es muy sencilla: mientras en el segmento del oficialismo esa disposición alcanza el 81%, entre los opositores es de tan solo 39%. Entre aquellos que no están con ninguno de los dos bandos es apenas del 27%.

 

¿Cómo explicamos esto? Muy fácil: el contexto. Es una elección que se convoca anticipadamente, sin ningún tipo de garantías y después de un 2016 en el que se despachó olímpicamente un referendo revocatorio por vías judiciales y un 2017 en el que se amplificaron a su máxima expresión los desmanes y trampas que ya existían. De hecho, los venezolanos y en particular los bolivarenses, están esperando una respuesta del CNE frente a la burda y abierta manipulación de los resultados electorales en las elecciones regionales de octubre pasado. Otro factor, demasiado importante como para no mencionarlo, es que los candidatos más potentes que podría presentarse en la oposición, hoy no pueden hacerlo porque o están presos o inhabilitados. Algo que no es fortuito, sino por diseño. El régimen de Maduro definió contra quién medirse y contra quién no.

Veremos si en lo sucesivo los indicadores se mueven hacia arriba o hacia abajo. En política, sobre todo en Venezuela, todo siempre se mueve.

 

P-2) Ciertamente la política es dinámica. Pero ¿por qué en Venezuela adquiere unas connotaciones tan cambiantes? ¿qué razones hacen de la política en Venezuela una especie de montaña rusa?

 

No tengo la menor duda que en Venezuela la realidad supera cualquier película de ciencia ficción. Hasta Macondo palidece. Nuestro país ha sido un laboratorio para la política, porque acá cualquier cosa es posible y hasta lo más improbable ocurre. Por ejemplo, a muchos colegas que trabajan el tema digital yo les digo sin temor a equivocarme que lo que ellos creen que va a pasar en redes en algunos años, en nuestro país por razones forzosas ya lo hemos vivido. Desde esa perspectiva, somos el futuro. No hay duda que acá nadie se aburre –para bien o para mal– y eso sucede por varias razones. Yo veo fundamentalmente dos. La primera y más importante desde una perspectiva estructural, es que en Venezuela se perpetró una masacre contra la institucionalidad y eso se llevó por el medio no solo a la Justicia, el Banco Central de Venezuela, las Fuerzas Armadas, el Consejo Nacional Electoral y un larguísimo etcétera; sino también a los partidos políticos. De las muchas tragedias políticas que hemos vivido, una de las peores ha sido el colapso del sistema de partidos que conocimos en la segunda mitad del siglo XX y el que ha intentado surgir en lo que llevamos del XXI.

 

La segunda razón, es una consecuencia de la anterior. En Venezuela se perdieron los escrúpulos para ejercer y mantener el poder. Los límites legales y racionales ya no sirven para explicar hasta dónde se puede llegar o no. Acá se reprime, encarcela, tortura a cualquiera, por no hablar que la frontera de las desapariciones físicas ya se ha traspasado en varias oportunidades. Mucho de lo cambiante en Venezuela se explica porque no hay reglas de juego. Y las que hay no se cumplen, no importan o se cambian a placer, muchas veces con una connotación tiránica. En nuestro país tuitear es un delito. Protestar es un delito. Hoy lamentablemente, es más fácil entender las cosas desde una perspectiva del uso de la fuerza que desde la persuasión o la negociación política. Hay quien todavía piensa que esto es un mal gobierno y que hay “déficit democrático” o peor, si no se lo creen, asumen políticamente que es así para no ser castigados o perseguidos.

 

P-3) Maduro ha gobernado Venezuela por espacio de cinco años y ahora, corre lo que sería su último año de mandato. Si usted tuviera que analizar los años de mandato de Nicolás Maduro en un breve fragmento, ¿cómo los apreciaría?

 

Como la etapa más triste de nuestra historia moderna en la que convergieron simultáneamente el quiebre de un modelo económico inviable que sumergió a un petroestado en hiperinflación, la disolución del tejido social, el recrudecimiento del uso de la fuerza y la restricción de libertades. Hay una manera más fácil de decirlo: la instalación de una dictadura que pretende arrodillar a los venezolanos a través del control social y cuya única premisa es eternizarse en el poder. Al costo que sea.

 

P-4) En su historia reciente, la sociedad venezolana ha hecho del voto su herramienta para dirimir conflictos, pero luce importante preguntar, ¿Qué pasó con la Asamblea Nacional Constituyente? Es decir, fue una forma de torcer la manera de voto universal, personalizado, directo y secreto y la sociedad venezolana, aunque no se manifestó para votar, tampoco lo hizo para protestar, ¿qué hay detrás de ello?

 

A la sociedad venezolana desde hace unos 70 años le fue inoculado un virus que a pesar de todos los intentos autoritarios, aún no ha podido ser aniquilado: el de la participación electoral, el del ejercicio del voto como el método por excelencia para dirimir conflictos. Tan arraigado está eso en nuestra cultura política que a veces creemos como sociedad que la democracia solo es votar. Sin embargo, es una paradoja que en los últimos 20 años (que es cuando más eventos electorales ha habido), el término elecciones se ha ido progresivamente desgastado, se ha vaciado de contenido. Debo precisar que sobre todo en los últimos dos años.

 

Cada vez es menor la integridad de los procesos electorales y las condiciones para que haya certidumbre en las reglas de juego e incertidumbre en los resultados, se han prácticamente esfumado. Creo que el punto de inflexión de esto lo marcó la victoria parlamentaria de la oposición en diciembre de 2015. El poder simplemente tomó una determinación: si no cambio las reglas a mi absoluta conveniencia, corro peligro. Si no las tuerzo, seré desalojado. Y por ello, decidió en consecuencia. No hubo referendo revocatorio y los comicios se convocan cuando conviene, como conviene, donde conviene y no cuando corresponde.

 

Por eso es que lo extraordinario se hace cotidiano. Esto, con un mínimo de institucionalidad y respeto al juego democrático se hubiese acabado hace rato. Pero no es el caso, el juego electoral que ya venía siendo bastante rudo y cuesta arriba para los actores opositores, ahora simplemente se ha vuelto una pesadilla.

 

En el caso de la Constituyente, ese es el momento donde se cruzan unas fronteras que hablan claramente sobre la naturaleza del poder en Venezuela. La Asamblea Nacional Constituyente que se instala en Venezuela en 2017 surge de un fraude a la Constitución (redactada por el propio chavismo) y se consuma con un fraude electoral en el día de las votaciones, en las que por cierto fueron asesinadas varias personas por protestar, algo inédito. Finalmente, la sangre llegó al río. Ya a muchos se les olvidó lo declarado por la empresa que fungía como el sistema nervioso de los procesos electorales en Venezuela desde 2004: Smartmatic, quien en voz de su CEO aseguró que hubo una adulteración significativa en el número de votos que anunció el CNE. Las elecciones regionales de octubre y las locales de diciembre son simples réplicas de ese terremoto que ocurrió a finales de julio y que caracterizó como un quiebre electoral.

 

P-5) Si se analiza con detenimiento, la oposición luce fragmentada en El Frente Amplio y Soy Venezuela. Sin embargo, en algo coincidieron: no participar en las elecciones del 20 de mayo. Sabemos que el problema no era asistir o no a dicho evento, sino qué hacer después de él. Quiero preguntarle ¿qué les ha impedido unificar estrategias y articular una agenda en común?

 

De hecho la oposición está más fragmentada que eso. Hay que sumar un tercer factor: Henri Falcón y los partidos pequeños que apoyan su candidatura. En este último caso particular, lo que los separa del resto es el participar en las elecciones (la única cosa que como bien dices, es lo único que comparten los otros dos factores).

 

En cuanto a Soy Venezuela y el Frente Amplio ya se trata de una distancia casi insalvable: no se reconocen y se excluyen mutuamente, básicamente por la visión que ambos tienen sobre la política en Venezuela. Es un problema que antecede a lo estratégico, pues ya es casi axiológico. Ni hablar de establecer agendas en comunes. Fue por muchos conocido que algunos interlocutores intentaron por todos los medios acercar a Soy Venezuela a la constitución del Frente Amplio. Simplemente fue imposible. Es una verdadera tragedia política que no pueda construirse una zona de mínimo acuerdo y entendimiento, cuando más se necesita.

 

P-6) Ahora, también es importante conocer que así como hay varias oposiciones, también hay varios oficialismos. Maduro, por un lado, Diosdado Cabello parece estar por otro, y recientemente, la creación de Somos Venezuela en manos de Delcy Rodríguez. Además, está la detención de Miguel Rodríguez Torres. ¿Cómo interpretar eso? ¿La unidad monolítica que pregona el gobierno realmente existe?

 

No, no existe. No es monolítica. Las facciones en el oficialismo siempre han existido. Primero solapadamente en los tiempos cuando vivía Chávez –cuyo liderazgo subyugaba cualquier diferencia– y luego de manera mucho más abierta después de su muerte. Lo anterior, no contraviene que haya existido un cemento muy fuerte que los ha mantenido unidos, al menos en lo estratégico: el temor a perder el poder. Pero es un hecho que ya la revolución ha comenzado a tragarse a varios de sus hijos: Ortega Díaz y Rafael Ramírez son buenos ejemplos de eso. Al ritmo que vamos, el chavismo originario más temprano que tarde será objeto de persecución y desaparición, tal como ocurrió en la Unión Soviética de Stalin.

 

P-7) ¿Qué hace Henri Falcón compitiendo en una elección presidencial que casi nadie en el mundo va a reconocer? ¿Su juego político es retirarse o ser un candidato simbólico de lucha por verdaderas condiciones electorales?

 

No tengo claro si en su comando exista algún cálculo electoral que los coloque como victoriosos, sobre todo vistas las condiciones y el contexto de estas votaciones. Francamente lo ignoro. Pero lo que sí me queda claro desde la perspectiva estratégica, es que sí existe un cálculo político: obtener algunos millones de votos de electores de oposición y con ello intentar liderar ese bloque en los tiempos por venir. Creo que ese puede ser en principio su juego. Y tiene bastante sentido.

 

P-8) La presidenta de la Asociación Civil Control Ciudadano, Rocío San Miguel, afirmó en redes sociales que por primera vez en muchos años incluía la posibilidad de un golpe de estado en Venezuela, aunque con baja probabilidad. ¿Crece el descontento en los cuarteles?

 

No puede ser de otra forma ante la gravedad y alcance de la crisis socioeconómica. Aunque los militares cuenten con un robusto cortafuego para intentar paliar esos embates, la hiperinflación, la escasez y el deterioro de los servicios son más fuertes que esa barrera. No es un secreto para nadie que hace muy poco un número de oficiales en posiciones estratégicas fueron encarcelados y hoy son juzgados por “traición”. Y esta oficialidad, por cierto, no puede calificarse de “opositora”. No, pues tiene nexos y lealtades comprobables con el chavismo.

 

Al parecer, al madurismo le quedó pequeño el chavismo y necesita purgarlo, para terminar de consolidarse en el poder. Lo militar seguirá siendo noticia. Me quedan pocas dudas de eso.

 

P-9) ¿Podría profundizar en su opinión sobre las afirmaciones de Delcy Rodríguez sobre el hecho de no entregar el poder político más nunca? ¿Acaso no le está diciendo a Henri Falcón, “te vamos a hacer fraude sí o sí”?

 

Creo que tuvo un ataque de extrema sinceridad. Simplemente fue Delcy Rodríguez siendo Delcy Rodríguez, una de las voceras más calificadas de Nicolás Maduro y del actual elenco gubernamental. El proyecto político que domina en Venezuela, que es abiertamente dictatorial, no tiene ningún plan de irse del poder y mucho menos por la vía de las urnas. Han dicho sin más preámbulos que “por las buenas” no se irán”. Más claro no canta un gallo. En simultáneo, pienso que esto bien pudo haber sido una provocación para exacerbar aún más las tensiones internas e intentar desenmascarar a quienes pueden tener conductas sediciosas. Es el madurismo siempre aplicando viejas tácticas fidelistas.

 

P-10) Diversos académicos afirman en sus investigaciones que Venezuela es un caso de autoritarismo competitivo en el que los factores de poder permiten a sus adversarios ciertos nichos regionales para aparentar ciertas formas democráticas. Pero luce evidente cada vez más que dichos factores de poder torpedean con mayor énfasis la soberanía popular. ¿Venezuela es un caso de autoritarismo competitivo u otra forma de gobierno aún más autoritaria?

 

En lo personal, para fines comunicacionales y didácticos me he referido a este régimen como una dictadura. Con todas sus letras. Sin eufemismos. Entiendo el debate académico y las denominaciones que se manejan desde ese campo porque respeto profundamente a la academia. Desde esa perspectiva creo que ya quedan pocas dudas que esto mutó de un “autoritarismo competitivo” a un “autoritarismo hegemónico” hace rato, bastante más temprano de lo que muchos afirman. Sobre el régimen y su caracterización, yo agregaría que ya dejamos atrás la etapa autoritaria y comenzamos a ver con claridad muchas señales del inicio de la etapa totalitaria (o de pretensión totalitaria).

 

P-11) Usted es politólogo. Haciendo un ejercicio metodológico y científico desde la ciencia política, ¿Qué les depara a los venezolanos en el futuro inmediato? ¿Qué podría esperarse de Venezuela en el futuro?

 

Podría usar muchos términos como “anomia” o “disolución social” para hablar de los riesgos que enfrentamos como sociedad en este momento, pero para decirlo en palabras sencillas, vivimos la crisis sistémica más grande que hayamos conocido en nuestra historia. En todos los órdenes. Creo que salvando el caso de Haití, ninguna sociedad en el continente americano ha estado, ni estará tan brutalmente sometida a una crisis como la que estamos viendo en pleno desarrollo en Venezuela y que apenas está en sus etapas iniciales. No hace falta usar la ciencia política para describir lo que vemos a diario al salir de nuestras casas o al hablar con nuestros familiares o amigos. Antes de que veamos alguna leve mejoría, esto tenderá a empeorar mucho más.

 

P-12) Finalmente y desde la óptica profesional, ¿se puede hacer consultoría política hoy en Venezuela?

 

Se puede y se debe, pero no desde la óptica clásica o tradicional como si estuviésemos en un país normal en tiempos normales, porque definitivamente no estamos en esa situación. Desde la consultoría política es mucho lo que podemos hacer, pero hay que entender que esta no es la hora de vender candidatos, porque las elecciones como están planteadas son una farsa. Es el momento de luchar por la libertad de nuestro país.

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