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Ya soy candidato, ¿Y ahora qué?

Guía rápida para armar estrategias electorales

Cuando el candidato de una organización política es seleccionado para competir por un cargo de elección popular, el tiempo se achica. Desde el instante en que recibe la candidatura oficial y hasta el día de la elección, los tiempos parecen estrecharse significativamente y asombrosamente.

Por: Amaury Mogollón @amaury2206 Venezolano. Consultor Político Especializado en Campañas Electorales y Comunicación de Gobierno. CEO de Acción Polítik, Consultora de Marketing Político y Comunicación de Gobierno con presencia en México, Colombia y Venezuela. Imparte formación de Marketing Político y Estrategias Electorales en distintas Universidades de Iberoamérica.

Esos mismos tiempos, junto con las manecillas del reloj, se aceleran… El tiempo, tanto en la vida como en una campaña electoral, empieza a transcurrir cada vez más rápido. ¿Qué hacer ante ello? Acá encontrará una forma rápida y efectiva de aprovechar ese tiempo al máximo, optimizando recursos y, lógicamente, aportando ideas para que el candidato alcance los objetivos planteados en su campaña: ¡ganar la elección!

1. Lo primero que un candidato acreditado para un cargo público –independientemente de su naturaleza- debe hacer es rodearse de un equipo de campaña, de consultores políticos profesionales que abarcarán exitosamente los vericuetos que rodean el tiempo, corto por demás, de la campaña electoral. La consultoría política es probablemente una de las herramientas más eficientes y fructíferas en el acompañamiento del candidato hacia su victoria electoral. Atrás quedaron los candidatos clarividentes que alegaban conocer más que nadie su nicho electoral. Es menester –si se quiere ganar– ponerse en manos profesionales, porque ahorrará tiempo y dinero, además de colocar al candidato a un paso de la victoria.

2. El equipo de consultores políticos establecerá una suerte de tablero de ajedrez, con lapsos, recursos, estrategias, y por sobre todas las cosas, iniciará con un proceso de investigación electoral. La investigación electoral deberá realizarse de forma científica, es decir, a través de estudios de opinión pública. Tendrá que apuntalar en las siguientes direcciones: estadísticas de las últimas cuatro elecciones, conocer a los adversarios, establecer qué quiere la gente, además de indagar sobre las leyes electorales vigentes.

3. Toda candidatura se plantea objetivos electorales y en ellos, basados en la investigación, surgen los números a los cuáles el candidato desea y puede obtener. ¿Cuántos votos se pueden lograr? ¿Qué electores cuenta la candidatura? ¿De qué estrato socioeconómico se originan? ¿Población rural o urbana? ¿En qué se diferencian los votantes de la candidatura con los de los competidores? ¿Qué dinero dispone la candidatura para llegar al día de la elección? Esas interrogantes están todo el tiempo en el comando de campaña y apuntan a resolver de forma expedita los objetivos que, como compartimientos estancos, van a delinear la campaña y, por supuesto, la guía para el candidato.

4. Si la campaña electoral es como un juego de ajedrez, cada pieza debe ser escrupulosamente movida en función de los objetivos anteriormente planteados, también en función de lo que arrojan constantemente los estudios de opinión. Una vez delimitados los objetivos, surgen para el candidato cuatro preguntas de capital importancia. Se denomina en esta guía rápida como 4X1: ¿Por qué van a votar por mí? ¿Dónde debo enfocar mis esfuerzos? ¿Cómo puedo generar credibilidad? ¿Qué represento yo en esta contienda y porqué? Todas estas preguntas, objetivamente hablando, se razonan en los comandos de campaña, porque los votantes deben sentirse motivados de sufragar por la candidatura. La estrategia, el mensaje y la diferenciación, deben ser pilares que generen vigor para atraer votantes. Los esfuerzos de la campaña deben dirigirse fundamentalmente en los nichos electorales donde la candidatura genera una “simpatía dudosa” y no así en el “voto duro”, debido a que el voto duro es y seguirá siendo –salvo algún descalabro imprevisto– un espacio seguro de electores con los que contará el candidato. Palabras como “cambio” son fundamentales cuando el candidato opta por un cargo público a una candidatura oficialista, pero esa transformación debe estar manifestada en estrategias y mensajes que, con originalidad, se presenten a los ciudadanos para así poder arrebatar un porcentaje nada desdeñable de votos.

5. Toda campaña potente tiene un mensaje… una historia que contar. En ella, un racimo integrado y coherente de valores, programas de gobierno, ideas y sentimientos enganchan la candidatura a una historia verosímil. Se caracteriza porque responde a una pregunta concreta: ¿Por qué se presenta una candidatura como opción real de poder? En esa historia que meticulosamente debe posicionar el candidato y todo el equipo de campaña deben estar presentes, ineludiblemente las siguientes características: la fuerza de la historia y, por supuesto, la fuerza de quien la cuenta, valores que resalten la importancia de la política, de candidatos honestos y de proyectos de ciudadanía que fortalezcan la democracia.

“rodearse de un equipo de campaña, de consultores políticos profesionales que abarcarán exitosamente los vericuetos que rodean el tiempo, corto por demás, de la campaña electoral”.

6. Nos trasladamos al epicentro de las ideas: el comando de campaña. El lugar físico, humano e intelectual donde se cuece la historia, se mueve las piezas del ajedrez y donde, por supuesto, labora cada día el equipo de profesionales y lógicamente, el candidato. La organización electoral es, sin lugar a dudas una de las partes más importantes para lograr la victoria. En el comando, la organización debe ser como el funcionamiento de un reloj suizo: precisión milimétrica y efectividad absoluta. Los pasos concretos son los que caracterizan que esa pieza de relojería fina marche sin contratiempos. (resaltados) Para ello debe existir un organigrama de campaña en el que se establezcan con claridad de manantial, las distintas responsabilidades del equipo.

7. El candidato debe tener una agenda y ésta debe manejarse con sumo cuidado. El equipo de trabajo debe manejarla para que en todo momento se puedan observar estos aspectos distintivos: su posicionamiento, aquel que le permitirá ser auténtico depositario y transmisor de los valores que promueve su candidatura haciendo posible su conexión con los electores duros, y cada vez más ir generando simpatías en otros nichos electorales. Si el candidato obtiene su sello de distinción, está preparado para demostrar porqué está en la contienda. Manejará con energía vital los principales temas que, según los estudios de opinión y el equipo de campaña, dictaminen como receta para alcanzar los objetivos propuestos. Tendrá un lenguaje propio, jingles innovadores y edificará su propio libreto de comunicación con sus electores. Su semblante, siempre y ante todo, de victoria electoral.

 

 

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