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Colombia: Año Pre-Electoral

Rumbo a los comicios presidenciales más competidos de los últimos años

Por: Mauricio De Vengoechea @devengo Reconocido estratega colombiano que desde hace más de 35 años crea oportunidades y ventajas competitivas en las esferas política, gubernamental e institucional, para los líderes que asesora directamente en De Vengoechea & Associates, consultora en la que hoy es presidente.

 

Superada la discusión del y el No, que polarizó aún más de lo que ya estaba a la sociedad colombiana alrededor de los acuerdos de paz adelantados por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla de las Farc, Colombia se prepara para vivir una de las elecciones presidenciales más competidas de los últimos años.

 

Izquierda vs. Derecha

Para nadie es un secreto que la sociedad colombiana se ha venido derechizando en los últimos años, especialmente después del fracaso del presidente Pastrana para llegar a un acuerdo con los guerrilleros de las Farc durante su gobierno, y del apoyo popular obtenido posteriormente por el presidente Álvaro Uribe durante su gestión, al cambiar de estrategia y combatir a los rebeldes sin tregua, al tiempo que persuadía a los colombianos sobre de las bondades de su plan de seguridad democrática, que devolvió la confianza, permitió que los inversionistas perdieran el miedo y volvieran a apostar al país, lo que produjo el relanzamiento de la vida económica colombiana.

Tampoco es secreto que, la influencia electoral del Partido Liberal colombiano que dominó la escena política con sus ideas progresistas que impulsaron políticas públicas de carácter social que promulgaron y defendieron por años a los sectores más vulnerables de la sociedad colombiana y a las minorías, quedó completamente rezagada en esos años.

El éxito electoral obtenido por la izquierda con el maestro Carlos Gaviria como candidato presidencial del Polo Democrático Alternativo en 2006, cuando consiguió que el apoyo popular a su visión democrática pasara del 4% al 22% de los votos, también se vino a pique porque esa fuerza electoral obtenida, regresó a niveles menores a 5% de apoyo ciudadano, producto de las divisiones internas entre los líderes de la izquierda y los múltiples errores cometidos por quienes de ellos se convirtieron en gobernantes, principalmente en la ciudad de Bogotá.

Por último, más allá del temor de gran parte de la sociedad sobre el “fortalecimiento electoral otorgado a las Farc“ en los acuerdos de paz, ya que el grupo que deja las armas para competir en las urnas tampoco está justificado, al menos no de cara al 2018, donde sus posibilidades de ganar la contienda presidencial, son prácticamente nulas.

Por todo lo anterior, desde la perspectiva del eje izquierda vs derecha, la elección podría favorecer más bien a los candidatos apoyados por el expresidente Álvaro Uribe, líder indiscutible de esta última tendencia ideológica, convirtiéndolo así en el gran elector del 2018.

La paz vs. La guerra

A los actores políticos que se manifestaron en contra de los acuerdos de paz, poco o nada les gusta ser etiquetados del lado de la guerra. Ellos aseguran que están a favor de la paz en Colombia, pero a otro precio. Quizás tengan razón al molestarse porque lo que buscan es una paz diferente a la conseguida por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

Sin embargo, la posición que asumen los pone más del lado de la revancha y el castigo que, del lado del perdón y la reconciliación, con lo cual muchos de ellos sin darse cuenta quizás, están promoviendo el negocio de la guerra que es del interés de sectores poderosos porque se trata de un negocio muy grande. El de los sectores armamentistas.

Lo cierto es que el proceso de negociaciones si bien logró su cometido principal: la terminación de un conflicto armado violento que perduró por más de 54 años, también es cierto que exacerbó los ánimos y profundizó la polarización entre los colombianos.

Política vs. Antipolítica

En Colombia desde hace años el cansancio hacia la política y los políticos se viene manifestando con cada vez mayor fuerza.

La primera vez que ocurrió en los tiempos modernos fue cuando Antanas Mockus, Carlos Lleras de la Fuente y Noemí Sanín, decidieron celebrar un acuerdo electoral que terminó apoyando la candidatura presidencial de Noemí como candidata independiente. Ella estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta electoral en 1998, dejando atrás a quien al final terminó siendo el ganador de la contienda, Andrés Pastrana. Recordemos que la primera vuelta fue ganada entonces por Horacio Serpa Uribe.

Posteriormente, el fenómeno de la anti política se manifestó de nuevo en 2010. El mismo Antanas Mockus como representante del antisistema, puso nervioso al hoy presidente Juan Manuel Santos, cuando lo superó en las encuestas y lo obligó a cambiar de estrategas y de gerente de campaña, en las últimas semanas, algo que raras veces hacen los candidatos en sus campaña por temor a generar una percepción de desorden que los electores pueden interpretar como una fatídica señal de lo que será posteriormente el gobierno.

Santos se arriesgó y terminó ganando la elección en segunda vuelta con la propuesta de un gobierno de Unidad Nacional que le permitió mantener las mayorías necesarias para tener gobernabilidad.

Hoy el cansancio hacia la clase política es mucho mayor y la verdad es que un candidato antisistema podría terminar siendo el beneficiado de una tendencia que haga que los votantes terminen manifestándose en contra la casta política, la corrupción y las malas mañas electorales.

Corrupción vs. Anticorrupción

Finalmente, el tema de la corrupción, que por años fue parte del paisaje pues jamás obtuvo la suficiente relevancia entre la población como para ser una razón electoral de peso, terminó por convertirse en uno de los principales problemas del país y uno de los que más indigna hoy a los colombianos.

Durante años, en ejercicios cualitativos que realizamos en varios lugares de la nación, escuchamos decir a los participantes de grupos focales cosas como “Que roben, pero que hagan“. Llegamos incluso a escuchar de boca de alguno de nuestros presidentes, Julio César Turbay Ayala, la frase “La corrupción debe llegar a sus justas proporciones“, con lo cual no hizo otra cosa que evidenciar la existencia de este vicio de la política y su crecimiento desmedido.

Hoy, sin embargo, la corrupción se ha convertido en un tema que produce un profundo rechazo en la sociedad. Algo que en la región ha tumbado presidentes y define elecciones, como ocurrió en Guatemala donde gobierno del Partido Patriota no solo cayó, sino que su presidente Otto Pérez Molina, y la vicepresidenta Roxana Baldetti terminaron presos.

 

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