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La tendencia es siempre la misma:

Conectar con las emociones de la gente.

La publicidad política es una de las herramientas de las que se valen los políticos en sus campañas para poder vincularse con los electores. En su momento revolucionó la forma de hacer campañas políticas, permitiendo a través de ella conectar con grandes audiencias, pero el tiempo ha pasado y  debemos preguntarnos ¿Qué es la publicidad política hoy?

Por: Jorge Imhofv@jorgeimhof Fundó y dirige I Latina, compañía especializada en comunicación política, electoral y de difusión de gestiones de gobiernos. Ha participado en decenas de campañas electorales.

 

Los canales de comunicación han evolucionado y se han multiplicado, las audiencias se han fragmentado, la manera de relacionarse con los medios ha cambiado profundamente y las redes sociales son parte de nuestras vidas.

Sin embargo, a mi entender, los publicitarios políticos seguimos haciendo lo mismo: traducir estrategias en mensajes que puedan conectar emocionalmente con los electores de manera de influir, reafirmar o modificar conductas. Eso es lo que hacemos.

Es cierto que hoy esos mensajes pueden dispararse desde un canal de televisión o desde una red social y que hay que entender los códigos de cada plataforma y de cada target, pero en definitiva es eso lo que hacemos. Esto hace más apasionante todavía nuestro trabajo. El desafío hoy es mayor.

Las campañas se han profesionalizado. Las maneras de contactar a los electores se han multiplicado y complejizado a la vez. Los equipos de campaña han sumado especialistas en diferentes áreas y está bien que así sea, eso suma a la campaña haciéndola más efectiva, pero la comunicación debe estar integrada, adaptando los mensajes a los códigos de cada plataforma y sinergizándolos.

Como en toda industria hay modas, pero contrariamente a lo que muchos piensan, el rol del publicista o comunicador político como yo prefiero llamarlo es cada vez más relevante, porque debe crear y producir insumos de comunicación para cada una de estas plataformas, cada uno con su tratamiento, interactuando entre ellos y respondiendo a una estrategia de comunicación general.

Es fundamental entender esto. Lo que haces en las redes debe llegar a los medios, a la calle y a las casas, y lo que haces en los medios, a las casas, a las calles y a las re- des. Así se alimenta una campaña. Pero, ¿cómo se hace? Es complejo y simple a la vez. La tendencia es siempre la misma: conectar con las emociones de la gente. Porque en política, como en la vida, o construyes un vínculo emocional o uno tan solo transaccional.

Muchas veces vemos que en política se comunica más pensando en las emociones de quien comunica, el candi- dato o gobernante o su entorno, que en las de a quien se dirige esa comunicación. Cuando hablamos con nuestros clientes, en conferencias o en notas de prensa de la importancia de la emoción en la comunicación política, piensan que lo hacemos es crear y desarrollar mensajes de alto tono emotivo que contengan emociones en si mismos, que cuenten historias que emocionen a la gente y no es eso.

Puede ser que ese sea el camino alguna vez, pero el camino, siempre, con seguridad, es poder conectar desde el mensaje y desde la conversación, con las emociones que ya tiene, siente y vive el electorado o el segmento o segmentos de él al que nos dirigimos. No se trata de emocionarlos. Para eso van al cine, o al fútbol, o miran su culebrón.

Se trata de entenderlos, de que se sientan comprendidos y que nos crean, de conectar con sus emociones, porque las emociones ya están en ellos, siempre. Solo hay que saber detectarlas, encontrarlas y poder conectar con ellas.

 

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