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Elecciones Ecuador 2017

2006 fue la última vez que los ecuatorianos experimentaron unas elecciones en segunda vuelta luego de décadas de inestabilidad política. Para muchos electores la experiencia del balotaje era algo nuevo, sumado también a la no presencia de Rafael Correa en la papeleta electoral.

Por Tatiana Larrea Oña @TatiLarrea Directora de Investigación del CIEES. PSocióloga, Licenciada en Ciencias Políticas, máster en Comunicación Política y Gobernanza Estratégica (GWU). Especialista en investigación cualitativa y cuantitativa, desarrollo de estrategias de comunicación política y gobernanza. Vocal de Alacop.

 

Ganó un cambio

2006 fue la última vez que los ecuatorianos experimentaron una elección en segunda vuelta luego de décadas de inestabilidad política. Para muchos electores la experiencia del balotaje era algo nuevo, sumado también a la no presencia de Rafael Correa en la papeleta electoral.

Duelo e incertidumbre en un balotaje inédito

El escenario electoral estuvo marcado por una suerte de duelo todavía no asumido por la salida del líder (amado y odiado) más fuerte de la última década. Escenario que se asentó además en un momento de malestar económico. Así, Ecuador experimentó después de mucho tiempo una segunda vuelta, sin Rafael Correa, en medio de una alta incertidumbre.

Las jornadas de febrero y abril dejaron una serie de sensaciones nuevas, amargas, complejas, que abonaron a la incertidumbre, conjuntamente con una campaña electoral caracterizada por las acusaciones, ataques, agresiones fomentados sobre todo en las redes sociales, convertidas por momentos en una “Salem 2.0”. Todos, políticos y ciudadanos fueron maltratados y vistos como sospechosos de pecados y delitos en su mayoría infundados.

La guerra sucia impidió el desarrollo de la conversación plena entre candidatos y electores. Los ciudadanos no pudieron, en medio de tanto ruido, escuchar nada o casi nada positivo o propositivo. Lo cual abonó aún más a la incertidumbre.

El gran ganador de la campaña: las percepciones

  • Se posicionó un frame de fraude electoral, sin ninguna prueba formal y objetiva de Ganó la percepción.
  • En la primera vuelta Lenín Moreno “perdió” ganando con más de un millón de votos de diferencia, pues no logró lo más difícil, ganar en primera vuelta, por tan solo 0,65%. Ganó la percepción.
  • En segunda vuelta Lenín Moreno ganó “con lo justo” y “perdiendo votos”, a pesar de tener más de 200 mil votos más que su contendor. Ganó la percepción. 
  • Se posicionó la idea de que “nadie apoya al Gobierno”, cuando el partido oficialista Alianza País ganó todo: mayoría en la Asamblea Nacional, primer lugar en la presidencial con más de un millón de votos de diferencia sobre el segundo finalista, segunda vuelta con más de 200 mil votos, aprobación mayoritaria de la Consulta Popular propuesta por Correa sobre la prohibición de que los funcionarios de elección popular tengan dinero en paraísos fiscales… Pero ganó la percepción. 
  • La percepción de que todos los políticos son corruptos manchó a todos. Pocas pruebas, mucho ruido. Ganó la percepción.
  • Guillermo Lasso no ganó las elecciones, pero sí la percepción de que lidera a la casi mitad de ecuatorianos que no votaron por Lenín Moreno.

 

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