YA SOY CANDIDATO, ¿Y AHORA QUÉ?
GUÍA RÁPIDA PARA ARMAR ESTRATEGIAS ELECTORALES

Cuando el candidato de una organización política es seleccionado para competir por un cargo de elección popular, el tiempo se achica.

Desde el instante en que recibe la candidatura oficial y hasta el día de la elección, los tiempos parecen estrecharse significativamente y asombrosamente. Esos mismos tiempos, junto con las manecillas del reloj, se aceleran… El tiempo, tanto en la vida como en una campaña electoral, empieza a transcurrir cada vez más rápido. ¿Qué hacer ante ello? Acá encontrará una forma rápida y efectiva de aprovechar ese tiempo al máximo, optimizando recursos y, lógicamente, aportando ideas para que el candidato alcance los objetivos planteados en su campaña: ¡ganar la elección!

0.- Lo primero que un candidato acreditado para un cargo público – independientemente de su naturaleza – debe hacer es rodearse de un equipo de campaña, de consultores políticos profesionales que abarcarán exitosamente los vericuetos que rodean el tiempo, corto por demás, de la campaña electoral. La consultoría política es probablemente una de las herramientas más eficientes y fructíferas en el acompañamiento del candidato hacia su victoria electoral. Atrás quedaron los candidatos clarividentes que alegaban conocer más que nadie su nicho electoral. Es menester – si se quiere ganar – ponerse en manos profesionales, porque ahorrará tiempo y dinero, además de colocar al candidato a un paso de la victoria.

1.- El equipo de consultores políticos establecerá una suerte de tablero de ajedrez, con lapsos, recursos, estrategias, y por sobre todas las cosas, iniciará con un proceso de investigación electoral. La investigación electoral deberá realizarse de forma científica, es decir, a través de estudios de opinión pública. Tendrá que apuntalar en las siguientes direcciones: estadísticas de las últimas cuatro elecciones, conocer a los adversarios, establecer qué quiere la gente, además de indagar sobre las leyes electorales vigentes.

Esto fundamenta un piso sólido para la candidatura, porque conocer qué piensa la gente, además de cómo ha votado históricamente, fundamenta la solidez de la estrategia, la definición del público objetivo, la sectorización de ese mismo público y evidentemente, manejará mejor los techos y pisos políticos de la candidatura. ¿Quiénes son mis adversarios? Son aquellos que disputarán con la candidatura la misma cantidad de votos. Conocerlos es de imperativa importancia, así ahorrará recursos valiosos que siempre son escasos, pero necesarios. La investigación electoral pretende manejar información… y la información es poder.

2.- Toda candidatura se plantea objetivos electorales y en ellos, basados en la investigación, surgen los números a los cuáles el candidato desea y puede obtener. ¿Cuántos votos se pueden lograr? ¿Qué electores cuenta la candidatura? ¿De qué estrato socioeconómico se originan? ¿Población rural o urbana? ¿En qué se diferencian los votantes de la candidatura con los de los competidores? ¿Qué dinero dispone la candidatura para llegar al día de la elección? Esas interrogantes están todo el tiempo en el comando de campaña y apuntan a resolver de forma expedita los objetivos que, como compartimientos estancos, van a delinear la campaña y, por supuesto, la guía para el candidato.

3.- Si la campaña electoral es como un juego de ajedrez, cada pieza debe ser escrupulosamente movida en función de los objetivos anteriormente planteados, también en función de lo que arrojan constantemente los estudios de opinión. Una vez delimitados los objetivos, surgen para el candidato cuatro preguntas de capital importancia. Se denomina en esta guía rápida como 4X1: ¿Por qué van a votar por mí? ¿Dónde debo enfocar mis esfuerzos? ¿Cómo puedo generar credibilidad? ¿Qué represento yo en esta contienda y porqué? Todas estas preguntas, objetivamente hablando, se razonan en los comandos de campaña, porque los votantes deben sentirse motivados de sufragar por la candidatura.

La estrategia, el mensaje y la diferenciación, deben ser pilares que generen vigor para atraer votantes. Los esfuerzos de la campaña deben dirigirse fundamentalmente en los nichos electorales donde la candidatura genera una “simpatía dudosa” y no así en el “voto duro”, debido a que el voto duro es y seguirá siendo –salvo algún descalabro imprevisto– un espacio seguro de electores con los que contará el candidato. Palabras como “cambio” son fundamentales cuando el candidato opta por un cargo público a una candidatura oficialista, pero esa transformación debe estar manifestada en estrategias y mensajes que, con originalidad, se presenten a los ciudadanos para así poder arrebatar un porcentaje nada desdeñable de votos.

4.- Toda campaña potente tiene un mensaje… una historia que contar. En ella, un racimo integrado y coherente de valores, programas de gobierno, ideas y sentimientos enganchan la candidatura a una historia verosímil. Se caracteriza porque responde a una pregunta concreta: ¿por qué se presenta una candidatura como opción real de poder? En esa historia que meticulosamente debe posicionar el candidato y todo el equipo de campaña deben estar presentes, ineludiblemente las siguientes características: la fuerza de la historia y, por supuesto, la fuerza de quien la cuenta, valores que resalten la importancia de la política, de candidatos honestos y de proyectos de ciudadanía que fortalezcan la democracia.

5.- Nos trasladamos al epicentro de las ideas: el comando de campaña. El lugar físico, humano e intelectual donde se cuece la historia, se mueve las piezas del ajedrez y donde, por supuesto, labora cada día el equipo de profesionales y lógicamente, el candidato.

La organización electoral es, sin lugar a dudas una de las partes más importantes para lograr la victoria. En el comando, la organización debe ser como el funcionamiento de un reloj suizo: precisión milimétrica y efectividad absoluta. Los pasos concretos son los que caracterizan que esa pieza de relojería fina marche sin contratiempos. Para ello debe existir un organigrama de campaña en el que se establezcan con claridad de manantial, las distintas responsabilidades del equipo.

Desde el candidato, pasando por el jefe de campaña, hasta los movilizadores, voluntarios, creativos, generadores de contenidos, y los enlaces con los periodistas deben asumir sus responsabilidades, cumplirlas y establecer diariamente una lista de deberes por cumplir. Es posible que aunque se generen, como en todo equipo de trabajo, fuertes discusiones e incluso ciertas rupturas, las campañas electorales mantendrán al equipo en vilo hasta el día de la elección. El grupo de campaña dirige las acciones para priorizar las zonas –con sus respectivos mensajes– que debe visitar el candidato y no escatimar esfuerzos humanos ni económicos en medir a dónde debe ir el candidato… la tierra es de quien la trabaja.

6.- El candidato debe tener una agenda y ésta debe manejarse con sumo cuidado. El equipo de trabajo debe manejarla para que en todo momento se puedan observar estos aspectos distintivos: su posicionamiento, aquel que le permitirá ser auténtico depositario y transmisor de los valores que promueve su candidatura haciendo posible su conexión con los electores duros, y cada vez más ir generando simpatías en otros nichos electorales. Si el candidato obtiene su sello de distinción, está preparado para demostrar porqué está en la contienda. Manejará con energía vital los principales temas que, según los estudios de opinión y el equipo de campaña, dictaminen como receta para alcanzar los objetivos propuestos. Tendrá un lenguaje propio, jingles innovadores y edificará su propio libreto de comunicación con sus electores. Su semblante, siempre y ante todo, de victoria electoral.

7.- El 1234 del candidato irá definiendo dónde buscar los votos. Por una parte esto se distingue en cuatro sectores. El primero de ellos, el voto duro, aquel que siempre deberá promover, con pasión e intensidad. Son los electores que el candidato tiene como base electoral y raramente traicionará su elección en el día D. Por otro lado, y muy importantes son los que en comunicación política se identifican como voto débil, aquellos votantes que no se sienten especialmente vinculados con la candidatura, pero pueden ser susceptibles en algún momento de convencer para sumar voluntades. Luego, la importante y necesaria inversión en los votos switchers, aquellos que algunas veces de forma equivocada se conocen como indecisos, y según algunos especialistas no lo son. Barajan siempre alternativas y es hasta el último día que inclinan la balanza, movidos por valores materiales o utilitarios, pero siempre barajando opciones. Generalmente, otorgan sorpresas a las candidaturas, unas agradables y otras no, puesto que inclinan la balanza sorpresivamente sin que ningún estudio de opinión pudiera haberlos identificado. Ahí el trabajo debe ser intenso. Por último, pero no menos importante, frenar el avance de las candidaturas contrarias.

8.- Siempre se necesita dinero. Sin embargo, el financiamiento en un plan de campaña no es todo. La capacidad del candidato y la administración de su tiempo, así como la militancia son básicos en el éxito del trabajo. No obstante, el capital se necesita y casi en todas las etapas del proceso. Algunos manuales afirman que probablemente en la única etapa que no necesite dinero presupuestado es la del mensaje. Todo lo demás debe ser presupuestado a cuentagotas, así como las fuentes de su obtención y los momentos de conseguirlo.

Los ingresos son el alimento más básico de la campaña y se fundamentan en colectas, fondos públicos (depende de la legislación), así como de donadores particulares. Así se define cuánto dinero se puede recoger por cada una de estas potenciales fuentes. Los gastos deben ser bien planificados, y varían de acuerdo a la intensidad de la campaña o las actitudes del electorado. Hay gastos básicos como como mobiliario y papelería, y otros más elevados como la publicidad. Todos varían de acuerdo a la etapa de la campaña y como ya se dijo, al nivel de competitividad.

9.-  Se acerca el día de la contienda final. Sin dispersión, sin entorpecer lo logrado. Candidato firme y con ideas, conquista votos. Claro de su mensaje, se identifica sin equívocos con unas ideas que manejadas durante la campaña, ya lo tienen posicionado para pedir a sus electores, a través de los distintos medios en los que se manifieste, su voto. Ningún medio debe ser descartado, eso sí, debe ser acorde al público y sector al que va dirigido. El aspirante siempre debe ir contando su historia, que permanecerá intacta si nada ha enturbiado la campaña. Así el elector tiene una radiografía de su candidato bastante certera de lo que este ha vendido.

10.- A ganar la elección. Como ya se dijo, bien usados y segmentados, todas las herramientas comunicacionales –tradicionales, modernas, 2.0, ciberpolítica– deben ser empleadas durante la campaña e intensificarse los días previos a la elección. También es importante conocer la legislación en materia electoral, que evite sanciones los días de cierre de campaña.

Un candidato no ganará una elección solo usando redes sociales, de ello hay algunos ejemplos; un candidato no ganará solo con movilizaciones de electores porque tienden, si son seguidas, continuas y muy estructuradas, al desgaste tanto del candidato como de los electores. Por lo tanto, se usará de acuerdo a la lógica de los objetivos y los estudios de opinión, una combinación de estrategias tradicionales y modernas que identifiquen con todos los segmentos y públicos objetivos.

De esta manera, las campañas electorales estructuradas y con poco espacio para la improvisación pueden alcanzar el éxito de los objetivos planteados: llevar a la victoria a un candidato y un equipo de trabajo que durante periodos sensiblemente largos, invierten  ideas, energías y recursos para obtener un cargo de elección popular. Lógicamente todas las campañas son distintas de acuerdo al statu quo que impera y a condiciones que para un pequeño esbozo como este, son imposibles (por no decir innecesarias) de mencionar.

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Amaury Mogollón

Venezolano. Consultor Político Especializado en Campañas Electorales y Comunicación de Gobierno. CEO de Acción Polítik, Consultora de Marketing Político y Comunicación de Gobierno con presencia en México, Colombia y Venezuela. Imparte formación de Marketing Político y Estrategias Electorales en varias universidades de Iberoamérica.

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