Los Millennials quieren, pueden y saben…

Millennials es el nombre que reciben las personas que nacieron entre los años 1982 y 1998 ―aunque hay algunas discrepancias respecto a cuándo empieza y cuándo termina―. Se estima que representan más del 25 % de la población mundial y 30 % de la latinoamericana. Es la generación del momento, quienes, poco a poco, comienzan a ocupar puestos de poder y tomar las grandes decisiones.

Antes que millennials se hizo popular el término Generación Y, incluido en un editorial de la revista Adverstising Age, en agosto de 1993. Con este nombre se buscaba dar continuidad a la Generación X, los nacidos entre 1965 y 1981, la generación sucesora de los baby boomers (1945-1964), llamados así por ser fruto del fenómeno de alta fecundidad que se produjo al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Unos años antes surgía la Generación Silenciosa (1920-1940), la generación viva más antigua de todas y probablemente la más sufrida por la gran depresión económica, el nazismo y la II Guerra Mundial. De ahí su nombre. Los demógrafos Neil Howe y William Strauss son los responsables del término millennials, un nombre que representaba a quienes se hicieron adultos con el cambio de milenio. Sin embargo, la expresión se puso de moda en 2013, cuando la revista Time publicó en su portada el artículo Millennials: The Me Me Me Generation que los describía como perezosos y narcisistas. Con el paso de los años (y de los estudios, además de los artículos), este estereotipo fue perdiendo fuerza y fue revelándose una faceta más social y comprometida de los millennials. En el libro Millennials Rising: The Next Great Generation, publicado en el año 2000, Howe y Strauss sostenían: “Durante la próxima década, la Generación del Milenio cambiará por completo la imagen de la juventud de pesimistas y alienados a optimistas y comprometidos, con consecuencias potencialmente sísmicas para América”.

Howe y Strauss no se equivocaron. Estos jóvenes están cambiando el mundo. O, al menos, la forma en que lo vemos gracias a sus particulares formas de aportar conocimiento y opinión sobre las coyunturas de sus respectivas comunidades. La tecnología y la forma en que han sido criados tienen mucho que ver con ese fenómeno. Sin embargo, sí que han puesto mucho de sí mismos —de manera consciente e inconsciente—, para que esto sea así y busque cada día un nuevo enfoque: hablar sobre sus comportamientos e intereses ante diferentes aspectos como la política, las causas sociales, la educación o el trabajo, entre algunas otras.

En mi último libro, Millennials en Latinoamérica, una perspectiva desde Ecuador (Fundación Telefónica, 2016), he intentado acercarme a esta generación. El estudio, que puede descargarse gratuitamente en la página de Fundación Telefónica, aporta una mirada regional a los análisis sobre esta generación. Para ello, hemos realizado una encuesta online a casi 350 ecuatorianos de todo el territorio nacional y 15 entrevistas en profundidad a millennials destacados (emprendedores, activistas, artistas…) y a diferentes expertos conocedores de la generación. El libro se organiza en seis grandes capítulos, uno para cada ámbito de interés de la vida millennial: la tecnología; el ocio y el entretenimiento; la educación y la formación profesional; el mundo de la empresa y las nuevas tendencias laborales; el consumo de información y noticias; y la participación política y social.

Homo Technologicus

Ninguna generación es uniforme. Los rangos de edad son bastante amplios (en el caso de los millennials, dependiendo de la definición que se haga, pueden llegar a ser de 15 años), y la edad, además, no parece ser siempre un elemento definitorio de la personalidad y la conducta de las personas. Ninguna generación es ajena a las desigualdades o al contexto en el que crece y vive. Sin embargo, hay regularidades que nos invitan a pensar en términos de generación y esto resulta útil para el análisis de un fenómeno social complejo. Probablemente, la tendencia más poderosa e identitaria sea la relación con la tecnología. Es la primera generación de nativos digitales, los primeros que utilizan Internet en todas y cada una de sus actividades diarias.

La conexión es su principal preocupación. La portabilidad, la segunda. Y esto a pesar de las desigualdades y brechas. La tecnología y la portabilidad se han vuelto los elementos más aspiracionales de esta generación. Internet ya no es para ellos un servicio, sino un derecho.

Los millennials son extremadamente sociales. Las redes sociales no son, para ellos, solo un medio de comunicación, sino una parte constitutiva de su vida social. Casi todas sus relaciones básicas cotidianas están intermediadas por una pantalla. O varias. Cuando se les pregunta las razones por las que están online alegan que es para estar al corriente de lo que hacen y dicen sus amistades, para matar el tiempo libre, o para seguir la actualidad.

Si se informan, relacionan y expresan a través de las redes sociales, era de esperar que su deseo por cambiar las cosas fuera también canalizado a través de Internet.  Al menos 85 % de los encuestados para el estudio consideró que la tecnología es una herramienta que facilita el activismo político y 58 % dijo, además, que gracias a Internet la participación individual es susceptible de provocar un cambio en el sistema político.

Hace algún tiempo hice una aproximación a la generación del milenio y su relación con la política en la que, lejos de imaginarme una influencia tan fuerte de estos jóvenes en las elecciones norteamericanas o en los movimientos por la paz en Colombia, desglosaba algunas de esas características que les hacen tan especiales e interesantes como foco de estudio: son exigentes y vigilantes, pero de mentalidad abierta ante un mundo que, sin partidos políticos, les agrada mucho más.

“Los partidos deberán articular nuevas fórmulas para promover el empoderamiento con esta generación. Relaciones más libres y más esporádicas, como parte de una nueva dinámica más humilde y más coparticipada”, apuntaba entonces.

Así, como consumidores asiduos de contenido y amantes de las relaciones horizontales, los millennials siempre han tenido, casi como filosofía de vida, no concebir ni formar parte de modelos tradicionales en su vida laboral y profesional.

Ellos son activistas, pero a su manera. Desde la comodidad de su móvil, por ejemplo. Para la mayoría de ellos, la tecnología se ha vuelto un elemento clave para la acción, organización y comunicación políticas.

 

Los millennials en Colombia

Censo en Colombia, 2005.

Censo en Colombia, 2005.

De acuerdo con los datos del censo de 2005, el más reciente por ahora, porque hasta este año no se volverá a realizar, en Colombia ya había 16.210.552 de millennials, teniendo en cuenta a los niños y jóvenes que entonces tenían entre 5 y 24 años, y que hoy ya tienen entre 17 y 33. Aproximadamente, los jóvenes de la Generación Y representan 39,5 % de la población total del país.

Los millennials en Colombia han cobrado una relevancia extraordinaria en los últimos meses tras las sorprendentes iniciativas, marchas y concentraciones que han podido hacer —y las que han intentado—, en busca de una concienciación de sus compatriotas para que vean en la paz una salida a 52 años de guerra que, aunque ellos no han vivido, sí la han sentido.

Muchos han perdido familiares producto de las minas antipersona; otros tantos han tenido que migrar o ver emigrar de su país a seres queridos. Son jóvenes, sí, y muchas veces parecen desinteresados, pero la Generación Y es mucho más activa y fuerte de lo que parece.

Se informan porque les interesa saber más y porque tienen Internet, y opinan porque están convencidos de que su voz y su opinión tienen validez. Iniciativas sociales iniciadas por jóvenes como PAZabordo, La Chiva de la paz y Paz a la calle, que se han impulsado con el objetivo de apostar por la paz con su tiempo, su dedicación y sus redes sociales (en primera instancia, para convocar a amigos y conocidos), lo demuestran.

La primera, fundada por dos jóvenes colombianos sin el dinero que requería poner en marcha una chiva que recorriera todo el país, en búsqueda de iniciativas de paz, lo logró a través de una campaña de crowdfunding en la web de Súmame; la segunda, que se conformó el día inmediatamente posterior al plebiscito, surgió como un ejercicio espontáneo de diálogo, unión y participación, como se indica en su página de Facebook.

Sin embargo, también hay algunos de estos jóvenes que no quieren que el posconflicto haga invisibles sus posturas a favor de la paz, pero con condiciones más exigentes.

 A quienes no les convencía, como al movimiento “Sin juventud NO”, también se tomaron el trabajo de alzar su voz y promover campañas de relectura del acuerdo, de debate y de movilización para que se informara a profundidad sobre las consecuencias que éste traería para el país.

Es decir, no todos los millennials colombianos estaban a favor del plebiscito por la paz; pero tanto entre los del “sí” como entre los del “no” hubo una gran mayoría que se movilizó, se interesó por leer y escribir, y contribuyó con su tiempo y conocimiento para poner sobre la mesa su posición al respecto.

Esa es otra muestra de lo que esta generación es capaz: organizarse online para activar offline, de las redes a las calles. Y lo hacen porque quieren, porque pueden y porque saben.

Los millennials como activistas y agentes de cambio social

Los millennials prefieren las causas a las casas políticas. Fueron los protagonistas de los movimientos que sacudieron el mundo como Occupy Wall Street y el 15M en España. Son quienes constantemente están desarrollando plataformas y aplicaciones de vigilancia política y los responsables del crecimiento de páginas web de activismo social, como es el caso de Change.org, que ya ha alcanzado los 100 millones de usuarios. Se movilizan en las calles y en las redes sociales para defender los temas que más les preocupan y para incidir en su futuro y en el de sus países.

Los jóvenes son conscientes de los desafíos políticos y sociales que enfrentamos, y 72 % de los que viven en Latinoamérica, según la última encuesta global de Telefónica, se cree capaz de lograr un cambio local. Aunque son algo más prudentes cuando la pregunta se refiere a un cambio global (48 %), siguen confiando en sí mismos, de todas formas, como agentes de cambio social. Y con Internet, su herramienta preferida (y natural) de participación y activismo, además de informarse, también buscan generar impacto.

Los millennials tienen, también, una relación distinta con la política formal: son mucho más críticos, exigentes y volátiles. Según la encuesta global de Telefónica, más de la mitad de los jóvenes en el mundo no se sienten representados por su Gobierno y solo 28 % de ellos admite haber participado en los últimos procesos electorales. Es la generación políticamente independiente (o indecisa). No solo desconfía de los partidos, sino que los considera parte del problema y no de la solución.

Además de no gustarles las etiquetas, que es exactamente lo que hacemos quienes escribimos sobre ellos, los millennials no son rebeldes sin causa ni están desenfocados en su vida, como se indica muchas veces. Son una generación diferente.

Por su peso demográfico, capacidad de influencia y por ser los primeros nativos digitales, se han convertido en objeto de estudio. Sí, tienen una carencia de paciencia, pero no de optimismo; son individualistas, pero no egoístas, y, aunque se interesen mucho por destacar en sus redes sociales, están lejos de ser narcisistas. Es una generación que abre un milenio, sin saber cómo y por qué acabó el anterior. Son el futuro, aunque nuestro presente dependerá de su compromiso e influencia en la política y la economía. Están en marcha, pero —seguramente— todavía no han decidido hacia dónde. Pero llegarán. No hay duda.

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Antoni Gutiérrez

Soy asesor de comunicación y consultor político. Fundador y director de ideograma (www.ideograma.org), una consultora de comunicación con más de 30 años de experiencia, con sede central en Barcelona (Fábrica Lehmann), que presta servicios de comunicación y asesoría en España y Latinoamérica.

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