AÑO PREELECTORAL EN COLOMBIA

Superada la discusión del Sí y el No que polarizó aún más de lo que ya estaba a la sociedad colombiana alrededor de los acuerdos de paz adelantados por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos con la guerrilla de las Farc, Colombia se prepara para vivir una de las elecciones presidenciales más competo de los últimos años. Veamos algunos de los ejes que podrían a llegar a definir quién es el ganador de la próxima contienda electoral, y quien deberá guiar los destinos del país entre 2018 y 2022.  

Izquierda vs. Derecha

Para nadie es un secreto que la sociedad colombiana se ha venido derechizando en los últimos años, especialmente después del fracaso del presidente Pastrana para llegar a un acuerdo con los guerrilleros de las Farc durante su gobierno, y del apoyo popular obtenido posteriormente por el presidente Álvaro Uribe durante su gestión, al cambiar de estrategia y combatir a los rebeldes sin tregua, al tiempo que persuadía a los colombianos sobre de las bondades de su plan de seguridad democrática, que devolvió la confianza, permitió que los inversionistas perdieran el miedo y volvieran a apostar al país, lo que produjo el relanzamiento de la vida económica colombiana

Tampoco es secreto que, la influencia electoral del Partido Liberal colombiano que dominó la escena política con sus ideas progresistas que impulsaron políticas públicas de carácter social que promulgaron y defendieron por años a los sectores más vulnerables de la sociedad colombiana y a las minorías, quedó completamente rezagada en esos años.

El éxito electoral obtenido por la izquierda con el maestro Carlos Gaviria como candidato presidencial del Polo Democrático Alternativo en 2006, cuando consiguió que el apoyo popular a su visión democrática pasara  del 4% al 22% de los votos, también se vino a pique porque esa fuerza electoral obtenida, regresó a niveles menores a 5% de apoyo ciudadano, producto de las divisiones internas entre los líderes de la izquierda y los múltiples errores cometidos por quienes de ellos se convirtieron en gobernantes, principalmente en la ciudad de Bogotá.

Por último, más allá del temor de gran parte de la sociedad sobre el “fortalecimiento electoral otorgado a las Farc“ en los acuerdos de paz, – ya que el grupo que deja las armas para competir en las urnas – tampoco está justificado, al menos no de cara al 2018, donde sus posibilidades de ganar la contienda presidencial, son prácticamente nulas.

Por todo lo anterior, desde la perspectiva del eje izquierda vs derecha, la elección podría favorecer más bien a los candidatos apoyados por el expresidente Álvaro Uribe, líder indiscutible de esta última tendencia ideológica, convirtiéndolo así en el gran elector del 2018.

Cuando en los corrillos de la política, los más entendidos hablan de que la elección será de  segunda vuelta, es claro que el candidato de la derecha que cuente con el apoyo del expresidente Uribe, es quien tiene mayores posibilidades de estar allí. Sin embargo, la pregunta es ¿Tiene  Álvaro Uribe candidato? Porque los escogidos como precandidatos por su partido después del retiro de Oscar Iván Zuloaga por cuenta del escándalo Odebretc, no lucen ser competidores con posibilidades.

Se habla incluso de una eventual consulta o alianza entre el Partido Conservador y el Centro Democrático para escoger al candidato presidencial y su fórmula vicepresidencial, lo que podría favorecer a alguno de los que hoy buscan la candidatura oficial de la tolda azul como Marta Lucia Ramírez, El ex procurador Alejandro Ordoñez o el propio ex gobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos quien hoy surge como una nueva opción si logra convertirse en víctima ,  – o favorecer si es que crece, al senador del Centro Democrático, Iván Duque, quien gracias a su inteligencia y carisma es visto como el “Obama del 2008.

Lo cierto es que hoy Uribe no tiene aún un nombre ganador al cual brindar su apoyo.

Habrá que ver también si la posición tan confrontativa asumida por expresidente de cara a los acuerdos de paz se mantiene vigente como hasta ahora, porque sus incesantes ataques al proceso podrían llegar a producir cansancio entre la población, y entonces aquello tan denunciado por muchos, en el sentido de que al expresidente lo que le importa, es el poder por el poder, podría convertirse en verdad y disminuir radicalmente sus posibilidades de endoso.

De ocurrir lo anterior o de surgir un escándalo creíble en su contra, algo que en política no es improbable, Uribe dejaría de ser de “teflón“ como hasta ahora, y las posibilidades de comandar la derecha pasarían a ser de Germán Vargas Lleras, quien no necesita del apoyo de Uribe como si lo necesitan los demás, debido a que cuenta con fuerza propia.

La paz vs. La guerra

 

A los actores políticos que se manifestaron en contra de los acuerdos de paz, poco o nada les gusta ser etiquetados del lado de la guerra. Ellos aseguran que están a favor de la paz en Colombia, pero a otro precio. Quizás tengan razón al molestarse porque lo que buscan es una paz diferente a la conseguida por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos.

Sin embargo, la posición que asumen los coloca más del lado de la revancha y el castigo que, del lado del perdón y la reconciliación, con lo cual muchos de ellos sin darse cuenta quizás, están promoviendo el negocio de la guerra que es del interés de sectores poderosos porque se trata de un negocio muy grande. El de los sectores armamentistas.

Lo cierto es que el proceso de negociaciones si bien logró su cometido principal: la terminación de un conflicto armado violento que perduró por más de 54 años, también es cierto que exacerbó los ánimos y profundizó la polarización entre los colombianos.

No fue fácil para muchos aceptar primero que las negociaciones se dieran en La Habana, que Venezuela hubiese sido el país acompañante del proceso, ni tampoco aceptar las condiciones suscritas con el grupo guerrillero que les abre la posibilidad de hacer política en lugar de ir a la cárcel a pagar por delitos que en muchos casos son considerados de lesa humanidad. Quienes se manifestaron por el No, sienten que sobre los guerrilleros ha debido caer el peso de la ley de manera mucho más contundente.

Pero quizás lo que más molestó a quienes se oponían a los acuerdos, es que el gobierno hubiese convertido la paz de los colombianos en la paz del presidente Santos, y al final pese al triunfo del No en las urnas, se hubiese obviado un segundo plebiscito y se hubiese buscado una solución política como fue el famoso “Fast-Track“ para aprobar los acuerdos a pupitrazo limpio, en un Congreso donde el Jefe del Estado contaba con las mayorías necesarias a partir de la llamada “Unidad Nacional“.

Analizado este eje desde la perspectiva político-electoral, creemos que serán pocas las probabilidades de éxito que pueda obtener un candidato defensor o promotor de los acuerdos de paz suscritos, y lo aseguro así no porque esté en contra de la paz, todo lo contrario. La apoyo de manera irrestricta, sino porque la implementación de dichos acuerdos en el llamado postconflicto, será mucho más duro que el proceso mismo, especialmente en los primeros años.

Serán muchos los sinsabores y más las frustraciones que los colombianos tendremos que vivir antes de que se establezca la plena reconciliación y los colombianos terminemos por aceptar la reconstrucción de la convivencia democrática, con quienes por años fueron nuestros peores enemigos.

Por ello vemos pocas probabilidades de éxito electoral a candidatos vinculados al proceso de paz, como es el caso de Humberto de la Calle, quien jugó un papel ciertamente relevante, o para otros candidatos que apoyaron el proceso como Clara López o Jorge Robledo, hoy divididos entre ellos pese a pertenecer al mismo partido, y menos aún probabilidad a alguien como Piedad Córdoba, quien pudiera convertirse en la candidata presidencial apoyada por los revolucionarios.

Política vs. Antipolítica

 

En Colombia desde hace años el cansancio hacia la política y los políticos se viene manifestando con cada vez mayor fuerza.

La primera vez que ocurrió en los tiempos modernos fue cuando Antanas Mockus, Carlos Lleras de la Fuente y Noemí Sanín, decidieron celebrar un acuerdo electoral que terminó apoyando la candidatura presidencial de Noemí como candidata independiente.  Ella estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta electoral en 1998, dejando atrás a quien al final terminó siendo el ganador de la contienda, Andrés Pastrana. Recordemos que la primera vuelta fue ganada entonces por Horacio Serpa Uribe.

Posteriormente, el fenómeno de la anti política se manifestó de nuevo en 2010. El mismo Antanas Mockus como representante del antisistema, puso nervioso al hoy presidente Juan Manuel Santos, cuando lo superó en las encuestas y lo obligó a cambiar de estrategas y de gerente de campaña, en las últimas semanas, algo que raras veces hacen los candidatos en sus campaña por temor a generar una percepción de desorden que  los electores pueden interpretar como una fatídica señal de lo que será posteriormente el gobierno.

Santos se arriesgó y terminó ganando la elección en segunda vuelta con la propuesta de un gobierno de Unidad Nacional que le permitió mantener las mayorías necesarias para tener gobernabilidad.

Hoy el cansancio hacia la clase política es mucho mayor y la verdad es que un candidato antisistema podría terminar siendo el beneficiado de una tendencia que haga que los votantes  terminen manifestándose en contra la casta política, la corrupción y las malas mañas electorales.

No nos cabe duda alguna de que, pese a su rudeza, hoy el candidato de la política es Germán Vargas Lleras, al punto tal que no necesita del presidente Santos y su Unidad Nacional para hacerse del apoyo de la clase política tradicional, especialmente de los llamados caciques electorales que hoy se benefician de los privilegios del estado.

Pero si la tendencia contra los políticos y el sistema crece, Vargas Lleras sin duda sería el más afectado de todos porque difícilmente podría deslindarse de esa clase a la cual pertenece y entonces los beneficiados serían candidatos como el exalcalde y exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo, quien además de carismático posee una  buena imagen,  o la senadora Claudia López, clara representante de la anti política.

La debilidad sin embargo radica en que ni el uno ni el otro cuentan con la máquina electoral que tendrá Vargas Lleras, y esto todavía pesa mucho en el país.

Corrupción vs. anticorrupción

Finalmente, el tema de la corrupción, que por años fue parte del paisaje pues jamás obtuvo la suficiente relevancia entre la población como para ser una razón electoral de peso, terminó por convertirse en uno de los principales problemas del país y uno de los que más indigna hoy a los colombianos.

Durante años, en ejercicios cualitativos que realizamos en varios lugares de la nación, escuchamos decir a los participantes de grupos focales cosas como “Qué roben pero que hagan“. Llegamos incluso a escuchar de boca de alguno de nuestros presidentes, Julio César Turbay Ayala, la frase “La corrupción debe llegar a sus justas proporciones“, con lo cual no hizo otra cosa que evidenciar la existencia de este vicio de la política y su crecimiento desmedido.

Hoy, sin embargo, la corrupción se ha convertido en un tema que produce un profundo rechazo en la sociedad.  Algo que en la región ha tumbado presidentes y define elecciones, como ocurrió en Guatemala donde gobierno del Partido Patriota no solo cayó, sino que su presidente Otto Perez Molina, y la vicepresidenta Roxana Baldetti terminaron presos.

Lo propio sucedió en Brasil donde por cuenta de casos de corrupción y tráfico de influencia,  la presidente Dilma Rousseff, fue objeto de un “Empeachement“ que la apartó del poder.

En Argentina la corrupción del gobierno de Cristina Kirchner jugó en contra del candidato del Justicialismo Daniel Scioli y favoreció al actual presidente, Mauricio Macri.

Para no ir más lejos en la propia capital colombiana, el alcalde Samuel Moreno Rojas, un delfín que ha podido llegar a la presidencia de Colombia, no solo tuvo que abandonar su cargo de alcalde, sino que terminó condenado a 24 años de prisión por actos de corrupción.

De ahí que desde la perspectiva electoral, este eje corrupción vs. anticorrupción favorecería muy seguramente las candidaturas de Sergio Fajardo, Jorge Robledo o Claudia López, quienes además de la anti política hablan de ello como tema central de sus campañas, favorecería también alguien como Alejandro Ordoñez, quien como Procurador de la Nación, persiguió la corrupción pública, e iría en detrimento de Germán Vargas Lleras, no porque a él se le haya demostrado ningún caso de corrupción, sino por ser precisamente la cabeza de una clase política acusada de recibir “mermelada“ del actual gobierno, a cambio de favores y apoyos políticos.

Sin embargo, aún faltan meses para que se defina el tablero y las cosas se vean con más claridad. Lo cierto es que es en los ejes descritos donde estará el pensamiento estratégico de las campañas.

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Mauricio De Vengoechea

Estrategia político, consultor con De Vengeochea & Associates.Me desempeñe como Presidente de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos (ALACOP) desde 1998 hasta 2000 y fui elegido como vicepresidente de la Asociación Internacional de Consultores Políticos en noviembre de 2015

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